No es momento de abandonar la sanidad pública

La primera ola nos cogió a contrapié a todo el mundo. Las administraciones daban bandazos, improvisando medidas y cruzando los dedos para contener el azote del Sars-CoV2, mientras la sociedad, en general, asumía lo que se le venía encima con resignación solidaria, sin apenas rechistar. Y por nuestra parte, el personal de la sanidad pública hicimos cuanto estuvo en nuestras manos, bajo una presión asistencial, social y mediática nunca vista antes, con unos medios materiales vergonzosos (para ser nuestra sanidad una de las que mejor reputación tenían en el mundo, se nos vieron las costuras), con un personal quemado, en precario y, sobre todo, insuficiente tras años de recortes públicos.

Llegó el verano, y desde el sindicato al que pertenezco, CSIF, levantamos la voz contra la dejadez que la Administración sanitaria estaba imponiendo. Había que salvar la economía estival, perfecto, pero no se reforzaron adecuadamente ni la atención primaria ni los centros hospitalarios. Iniciamos una serie de movilizaciones en cuanto los casos comenzaron a crecer y veíamos que las pruebas diagnósticas tardaban en hacerse, los resultados llegaban tarde, los rastreadores eran absolutamente insuficientes como para llamar y controlar a quienes que habían estado en contacto con personas positivas. Expertos avisaban de que la segunda ola vendría y los profesionales de la salud sabíamos que no se estaba haciendo lo que se debía en cada momento. Las colas en las puertas de los centros de salud, el teléfono de Salud Responde que apenas respondía o daba citas para días o semanas después… En cuanto se registraron las primeras agresiones en Atención Primaria, supimos lo que se avecinaba.

Y ahora, no hay duda, nos ha pillado el toro. Las UCI de los hospitales de nuestra provincia se van llenando poco a poco con casos de Covid-19, las plantas de infecciosos están ya copadas, y las direcciones de estos centros ya están habilitando nuevas áreas para dar cabida al previsible aumento de ingresos en las próximas semanas. El aumento de personal que se está llevando a cabo ahora es un parche y sirve para apagar fuegos: contratos por cinco o diez días, gente sin apenas experiencia o formación sobre protocolos anti-Covid-19 que llegan a centros sumidos en el caos. Y para colmo, la Junta nos premia con el recorte de nuestros derechos laborales, que se consiguieron durante muchos años, con mucho esfuerzo. La gente a la que representamos en CSIF, de todas las categorías profesionales (desde médicos hasta personal de administración) no se merece el abandono al que nos somete la Administración pública. Y no nos sirve que digan que "no hay médicos disponibles", cuando es normal; los profesionales se fueron a otras comunidades o países que les cuidan mejor, les hacen mejores contratos, con más derechos, con mejores condiciones laborales en definitiva.

La sanidad pública necesita más inversión, más personal, más medios. Lo sabe todo el mundo. Pero, por favor, encima, no nos eliminéis derechos: tenemos que descansar, tenemos familias… Ampliar (yo diría multiplicar) el presupuesto de la sanidad pública debería servir para no tener que aumentar el gasto para pagar futuros ERTE, ERE, desempleo. :ejorar la sanidad pública es una obligación moral de nuestros representantes: Cuidar la salud de nuestra sociedad es, en última instancia, cuidar de la economía y la riqueza de un país. Recortar y suspender derechos es todo lo contrario

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