Hemos vivido de nuevo un incidente en una de nuestras playas que pone en cuestión una vez más la gestión de las aguas residuales en nuestro municipio.

Durante varios días aparecieron manchas de agua sucia en La Puntilla, con olor, color y restos que evidenciaban su origen fecal. Muchos bañistas lo comunicaron al personal del ayuntamiento, sin que nadie hiciera acto de presencia. Pasados tres o cuatro días, llamé personalmente a la Policía municipal, que me informó que ya sabían lo que estaba pasando por llamadas de ciudadanos, y que habían intentado ponerse en contacto con el Área de Medio Ambiente, pero nadie atendía al teléfono. Lo intenté también, y nada, nadie atiende, ni ante una emergencia.

Eso sí, cuando se hace público el vertido por Ecologistas en Acción, contestó Apemsa asegurando que no había habido ningún vertido de aguas fecales. Más aún, aseguró que la contaminación había sido debida a la proliferación de microalgas, que precisamente proliferan cuando hay un exceso de nutrientes debido a vertidos de aguas residuales, lo que se denomina eutrofización. La consecuencia, convertida en causa. A esta peregrina hipótesis se sumó días después el concejal de Medio Ambiente Millán Alegre, asegurando que se habían realizado inspecciones, pero no dijo que las hicieron días después, cuando los mojones se habían deshecho, que no desaparecido, originando probablemente esa proliferación de microalgas. Mientras tanto, se siguió permitiendo el baño sin advertir del riesgo a sus usuarios.

Hay otra posibilidad, que en El Puerto se haya originado un nuevo tipo de microalgas, con aspecto de mojón. Todo un hallazgo para la ciencia. Bueno, el segundo. Ya el año pasado apareció en Fuentebravía, por generación espontánea, un tipo de Escherichia coli, ya que el Ayuntamiento y Apemsa-Aqualia aseguraron que no había habido vertido alguno. Nuestras playas son un auténtico laboratorio científico.

Eso sí, se apuntan a izar banderas azules. ¿Como consigue El Puerto esas banderas?, pues falseando datos en la información que manda a una fundación privada que las concede, y que no realiza comprobación alguna. El año pasado asistimos al esperpento de ver ondeando una bandera azul en Fuentebravía al lado de una roja de prohibido el baño por contaminación fecal.

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