Análisis

J. García de Romeu

El llanto de Catalina

Aquella mañana, dejándome acunar por el murmullo de las olas, y mientras que el sol que nacía se dibujaba en las aguas, la escuche sollozar entre las ruinas del viejo catillo. Alertado, y algo temeroso, por lo que podría encontrarme entre los escombros, me acerqué. Los rayos de sol que se filtraban comenzaban a calentar, el blanco romper de las olas me atrajo, y la imagen de aquella bahía, acogedora e inmensa, me obligo a tomar asiento en la piedra que me acerco aquella mano extraña. Fueron tantas las veces que pase sin percatarme, tantas las que a la sombra de la muralla me deje bañar por el sol, que me sorprendí a mí mismo lamentándome por el mirador imaginario que había encontrado. El sollozo, lejos de haber desaparecido se filtraba por los túneles que de seguro me imaginé llevarían a las aguas, cerré los ojos ante el espectáculo de luz y sal que se me ofrecía, y me concentré en escuchar lo que el viento y el mar decían. El estruendo de los cañones defendiendo la bahía se confundieron con el sabotaje y la lucha. Los últimos fusiles dejaron paso al abandono, a la leyenda, y poco a poco, se me fue desdibujando el recio fuerte, el baluarte se fue descomponiendo como una imagen pixelada, y al final, el dragón en miniatura que sobre una roca tomaba el sol, me devolvió la imagen de unas ruinas abandonadas en donde montaba guardia la retama. El triste lamentar no clamaba por las ruinas, pues que función le quedaba cuando ya los cañones no defendían la bahía, se lamentaba del abandono. Porqué el enclave privilegiado, digno mirador de la bahía, guardián de espumas, recio fuerte ante los vientos, se descomponía. Tanto costaba limpiarlo, tanto adecentar lo que aun quedara en pie, tanto convertirlo en un mirador que despidiera a El Cano. Abiertos los ojos decidí soñar despierto, el lamento dejo de ulular y un rayo sonrió sobre la antigua entrada… remozada, dejando espacio a las saladas paredes donde se reflejaba el sol. Las retamas habían dado el relevo a los bancos mesas de un pequeño merendero donde las vistas no tenían precio. Una pareja escuchaba abrazados a unos jóvenes, que guitarra en mano entonaban melodías, y la vida retorno a las piedras. Seguí soñando despierto, lamentando la impotencia ante visiones que quizás nadie ni viera ni compartiera… lamentado el comparar como con dos piedras en otros lugares hacían un sitio emblemático; me dormí…. Y seguí soñando.

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