Análisis

Antonio Morillo Crespo

El licenciado Vidrieras

Profilaxis quiere decir prevención de la enfermedad, algo que en el acontecer de los días se hace y ahora más con el temor del coronavirus. También aprender para siempre. Estamos rodeados de seres microscópicos que nos pueden hacer la puñeta. Para nuestros antepasados eran prioritariamente seres más grandes, como los tigres, los leones, las serpientes… Ahora son las bacterias, los virus y los hongos. Y sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Y estos enemigos están siempre a nuestro alrededor, pasamos la mano por una mesa y arrastramos en ella cincuenta bacterias, la mayoría inofensivas pero algunas patógenas. Tampoco hace falta que seamos tremendamente escrupulosos, pareciéndonos al Licenciado Vidrieras de la novela de Cervantes, aquel individuo que se creía de cristal y estaba siempre temeroso de romperse, no se rozaba con nadie y hasta dormía en un pajar. Ahora se le llama hipocondríaco, que vuelve loco al médico, porque siempre tiene algo. Sólo le falta estar preñado. Por eso ni tanto ni tampoco.

Debemos mantener siempre unas normas elementales que nuestros padres nos enseñaron de pequeños, tales como siempre lavarnos las manos, no sólo después de algún preciso menester. Y a esto una anécdota. En Granada comíamos los estudiantes en un bar restaurante barato, algo así como por 7,5 pesetas la comida. Y resultó que más de cien enfermaron de diarreas. E, indagando, descubrieron que la cocinera era portadora sana de la bacteria salmonella. La tenía, no la sufría pero la transmitía. Y no era tan pulcra como debiera y de resultas contagió al colectivo.

No hay que tener miedo. Estamos en medio de una selva y enfermedades hay. ¿Quién no ha padecido alguna? Por tanto no hay que exagerar. Posiblemente el virus esté de siempre en todas partes y ahora haya mutado volviéndose patógeno. Lo que hay que hacer es ¡mucha tranquilidad! Y en lo que esté de nuestra parte, cuidar que no se transmita.

P/D. Hasta los besos hay que cuidar, que ya se sabe que los chinos, que ahora lo inventan todo, no dan la mano, sino el pie. Cuento… digo a mi nieto, de 15 años, que sea bueno con las chicas, que las respete. Y me contesta: "¡Que sí abuelo, que ya lo sé, que dé los besos sin lengua!" El chiquillo se anticipó al coronavirus. Pues eso.

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