Análisis

Guillermo F. Jiménez rodríguez

El lecherito

Era un travieso chiquillo. De privilegiada inteligencia. La familia, compuesta de padre, madre y cinco hermanos, atravesaba una estrecha economía. El padre sufría una lenta enfermedad que le consumía, poco a poco, su mermada salud. Murió no pasado mucho tiempo. Él percibía en su interior esta difícil situación, que, como lacerante punzón le horadaba lo más íntimo de su ser. Lloraba de rabia, de impotencia. No dejaba de pensar en algo en lo que él pudiera traer para aliviar los sufrimientos de su madre. Así un día, otro y otro. Una noche, en el duermevela, afluyó a su mente una feliz idea; se dedicaría a repartir leche a domicilio. Muy emocionado, albergaba esta Ilusión. Tendría mucho trabajo y traería dinero a la casa. Estaba hondamente ilusionado. Pero pronto pensó: ¿quiénes la van a comprar? Había multitud de establecimientos cercanos que la vendían, además existía una afamada superficie comercial. Torre de arena, desbaratada por una suave brisa. Estaba descorazonado. Pero como era terco, tozudo, siguió en su empeño. Empezó con un reducido número de clientes. Pasaba el tiempo y aquello no iba. No fermentaba. Volvía a su casa con el ánimo por los suelos. Él había depositado su esperanza en Dios. La Divina Misericordia no falla cuando en Ella se confía. De súbito aquello dio un giro de 180º. Comenzó a subir como la espuma. Se hizo muy popular. Era conocido como 'el lecherito'. Diminutivo debido a su delgadilla figura. Llamaba a una puerta; abría una niña y decía: "mamá, el lecherito". Llamaba a otra y salía la empleada de hogar: señora, el lecherito, y así sucesivamente. Volvía , loco de contento, a su casa y le entregaba todo lo recaudado a su santa madre. Como tenía toda las mañanas ocupadas, en sus ambiciosas ansias de aprender asistía, por las tardes. a las clases de adultos. Un día leyó en un diario que una multinacional solicitaba puestos de trabajo. Con su confianza en Dios, cursó la solicitud. Fue admitida. Lo citaron para una entrevista. Los componentes del tribunal desde un principio vieron que era un clarividente cerebro. Su presencia, su forma de hablar, de desenvolverse, fueron suficientes para procedieran a su admisión. La empresa tenía un centro para la formación de su personal. Él alternaba sus obligaciones laborales con el estudio, y cursó, en la Universidad a Distancia, los estudios de Derecho. Se graduó, obteniendo el título de abogado, con una tesis con calificación de sobresaliente cum laude. En un reducísímo tiempo aprendió todos los recovecos necesarios para conocer todo lo relacionado con la empresa. Pronto escaló todos los altos cargos. Llegó a ocupar un escaño en el Consejo de Administración. La vida le sonreía por doquier. Pudo haberse casado con quien hubiese querido. A las cualidades apuntadas, hay que añadir su distinguido porte, que le hubiera abierto cualquiera de las más altas puertas . Él, que siempre tuvo mucho cariño a su madre, no dudó, prefirió sacrificarlo todo en aras de devolverle los desvelos y cariño que tuvo a todos los suyos. Se sacrificó para que pudiera gozar, mientras Dios la tuviera en este mundo de una holgada felicidad. Le compró un lujoso piso en el que vivieron ella, él, y dos de los hermanos que aún estaban solteros. Disfrutaron, durante muchos años, de esa dicha que Dios da a los sencillos de corazón y que se sienten orgullosos de haber sido humildes.

Que Dios os bendiga a todos.

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