Puente de Ureña

La sabiduría no entra en el alma…

Voy por la calle Real, ilesa de Tranvías, llena de gente con masca y sin masca que es como se llama ahora al adminículo tapabocas. Me encuentro a Andrés Castilla, Ambularte, quien dice que le preguntan por mí miembros de las extintas tertulias. Nadie vuelve, salvo Melchor quien a las seis y treinta maitinaliescamente en la plaza de la plaza de San Antonio liba café con nostalgia. Alma que lleva la vida, que no la pare la muerte. Me acuerdo de los que tienen el teléfono para olvidar amigos. Religiosos extremos. Pura espuma de pleamares muertas. La vida sin conciencia es una consciencia. El dilecto profesor Vázquez Bermúdez pasa como una sombra con bastón detrás de su existencia. Ya no hay presidentes ni vices. La Cultura es la más pisoteada de las andanzas del covid.

Me voy con Sisita. Sisita que me recuerda siempre que la vida es la viruta de una tabla lijada por el tiempo. Y la que afirma, de todas las mujeres de la ínsula, académicas o no, que la ciencia sin consciencia y sin literatura no refleja sino la ruindad del alma "humana".

Las balas trazadoras del amor cruzan el corazón humano. Sombra de sangre por nacer el alma. Hoy me coge con el poplíteo en pie de guerra. Sisita quiere que conozca a Pajarito. Sisi, ¿qué o quién es?. Es un hombre que va por las bibliotecas vendiendo poemas. Poemas suyos impresos en papelitos. Lleva el pelo acoletado y una pajarita en el cuello, de ahí su alias de batalla.

¿Y le pagan? La gente opina que su acción tiene más dignidad que pedir limosna. O sea, afirmo, que la poesía anda a un nivel paupérrimo o paupérculus. Hombre, dice, Elena tiene un amigo, José Raposo Pastor, fabricante de tildes. Lleva tildes engomadas en los bolsillos y cuando observa una publicidad mal escrita, a cambio de un óbolo discreto, corrige el cartel que siempre le afirman redactó un camarero isleño. Y me habla de Manolito Perez, Liro Liro que se va a subir al caballo de Varela antes de que lo quiten para llamarse Varela II en los carteles de flamenco. O de Olegario Bonet, quien quiere escribir la protonovela del fistrol. O el caso de Manolito Valiente que va a poner en marcha un Museo con las promesas incumplidas de todos los políticos publicadas en prensa.

Rafa, me dice, hay vida después de la pandemia. Y, en ese instante me acuerdo de Lirondo de Laranga cuando dice que él tiene una colección de feminalias. Y cuando le preguntan que qué es eso, riéndose, contesta que es el pedazo de zalea que cubre el zoquete de la lanada. Y se queda tan pancho.

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