Análisis

María González Forte

La jerga de la plebe

Una de las cosas que más nos atraen del verano es restituir los recuerdos de la infancia y proporcionar a nuestros menores, ratos de arena y mar a los que muchos accedimos tiempo atrás de forma gratuita. Y siempre, las madres cuidándonos.

En la playa, leo un libro que llega a mis manos por casualidad, Los idus de marzo, de T. Wilder. Interrumpo su lectura y observo otras madres jóvenes. Cómo se esfuerzan.

Vuelvo al libro. Está datado sobre el 45 a. de C. y escrito en forma de cartas. En una, Sempronia aconseja a una amiga alejarse de Clodia porque ejerce mala influencia sobre el grupo del Palatino al saltarse la normativa de la época. Es acusada de vestirse como el pueblo llano, hacer amistades con gladiadores y de beber y danzar para ellos. Siente Sempronia que el peligro está en sus múltiples imitadores y lamenta: "se lleva hablar la jerga de la plebe".

En otra carta, escribe César: Podría encontrar disculpa para ella y otras cuyos desórdenes atraen al público. Nacieron con riquezas y privilegios y sus madres las criaron llenas de moralización en "el clásico estilo romano". Al crecer, algunas hijas sintieron que las habían mentido y públicamente se liberan de la hipocresía. ¿César justifica a Clodia?

Pero sigue: …"las Clodias nunca creen haber recibido lo suficiente; están envenenadas por el resentimiento contra ese avaro Donante que sólo les ha proporcionado hermosura, salud, riqueza, cuna e inteligencia".

Las Clodias, los Clodios actuales, guapos, sanos, ricos e inteligentes salpican los medios y abundan los que los imitan en sus formas de vestir, beber, divertirse o expresarse. Aparece una nueva "jerga de la plebe". Muchos se comportan de manera muy distinta a la habitual en sus ciudades. Hacen lo que nunca harían entre los suyos. Disfrutan entre excesos impensables: Mallorca, Ibiza y otros muchos lugares españoles y europeos, llegan a ser testigos de tragedias elegidas desde la libertad con consecuencias terribles.

Si nuestra sociedad, como ocurrió en la antigua Roma, enferma en sus valores, o los usa a conveniencia, acabará siendo invadida física y culturalmente por gentes del otro lado del "limes".

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