El Alambique

Juan Clavero

jclaverosalvador@gmail.com

¿Somos humanos?

En estas mismas páginas escribí una columna en la que expresaba mi orgullo patrio porque España había acogido a las 630 personas que, a bordo del buque “Aquarius”, buscaban refugio. Ahora, tras los lamentables sucesos de Melilla, siento vergüenza de mi país y de mi gobierno.

Otorgar refugio a las personas que huyen de guerras o persecuciones, por razones políticas, étnicas o religiosas, es una obligación de todo país democrático. España ha sido tradicionalmente, y Andalucía más, país de emigrantes. Millones de personas se fueron a América y a Europa buscando una vida mejor. Tras la guerra Civil, más de medio millón de compatriotas se exiliaron; con la pobreza que trajo la dictadura, se fueron otros tres millones a diversos países de Europa. La miseria no entiende de fronteras. Pero se nos ha olvidado demasiado pronto.

Las imágenes de decenas de muertos y heridos amontonados junto a la valla de Melilla deberían remover las conciencias hasta de los más duros de corazón. Pero algunos deben tenerlo de titanio, insensibles al dolor ajeno; y si es de personas de otras razas, aún más.

Cuando por toda España se han promovido campañas de solidaridad con los refugiados ucranianos, cuando se han abierto las fronteras de la Unión Europea para los millones de personas que huyen de los bombardeos rusos, era de esperar una actitud semejante para con unos pocos de miles de africanos que esperaban entrar en Europa vía Melilla. Les llamamos eufemísticamente subsaharianos, para evitar llamarles “negros”, y para deshumanizarlos. Si son blancos y cristianos, puertas abiertas, papeles de inmediato y ayudas de todo tipo, para los negros de no se sabe qué religión, a matarlos a palos. Según el presidente del gobierno, esa es la forma adecuada de resolver un problema gigantesco de movimiento de población debido a la pobreza, el hambre, las guerras y las persecuciones.

Y la extrema derecha feliz, están aplicando su política. Eso sí, después participarán en manifestaciones “provida”, y el domingo a misa.

Y la OTAN, emulando al señor de la guerra ruso, va a solucionar el enorme problema de la pobreza, del cambio climático y de la obscena desigualdad entre ricos y pobres, con más armamento. Pero las bombas y los misiles no se comen, destruyen y crean más miseria.

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