Análisis

juan clavero

El honor de los corruptos

Dice el Diccionario de la Real Academia Española que el honor es la "Cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo". O sea, el honor se gana con una trayectoria vital honesta. Pero hay políticos que utilizan este atributo como arma contra ciudadanos que denuncian la corrupción.

En El Puerto acaban de condenarnos a tres miembros de la Plataforma Apemsa no se vende por un supuesto atentado contra el honor de un destacado miembro del PP y ex consejero-delegado de Apemsa cuando era una empresa municipal. Se pretende, en contradicción con la jurisprudencia del Tribunal Supremo, anteponer el derecho al honor de personajes públicos al de la libertad de expresión de los ciudadanos, y al derecho y obligación de denunciar sus actuaciones impropias o ilegales. Lo más surrealista es que se nos condena por unas manifestaciones contra el mencionado miembro del PP que nunca hemos proferido, por ser portavoces de una Plataforma que aseguran que no existe, y por divulgar en una red social estas supuestas acusaciones cuando no tengo ni administro cuenta alguna en una red social. Lo que pedimos fue que se investigaran los negocios privados del entonces consejero-delegado de una empresa municipal por si eran incompatibles con su cargo público. En la sentencia se asegura que este consejero-delegado nunca contrató a un socio suyo, pero lo cierto es que no se ha podido demostrar porque el director de Apemsa y directivo de Aqualia -muy agradecido él al PP- se ha negado a facilitar -¡incluso al alcalde y presidente de Apemsa!- el listado de empresas contratadas por Aqualia-FCC en la EDAR Las Galeras.

Estas sentencias envalentonan a políticos implicados en graves casos de corrupción, que ven como la justicia actúa con mayor celeridad y contundencia contra quienes denuncian sus actividades ilegales, que contra ellos mismos. La reacción del PP aprovechando la sentencia para atacar a la Plataforma, demuestra la intencionalidad política de la demanda.

El único que atenta contra el derecho al honor del ex consejero-delegado de Apemsa es él mismo, pues si está imputado en un grave caso de corrupción es por méritos propios, al haber presuntamente favorecido a una empresa privada con contratos ilegales.

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