Análisis

Martín José García Sánchez

El hombre invisible y nuestra Navidad

El pasado día 23 publicaba nuestro Diario la triste noticia del descubrimiento del cadáver, bajo una manta, de un hombre cuya identidad se desconocía, en el portal de una sucursal bancaria de la Avenida Ramón de Carranza, en nuestra ciudad, donde al parecer pernoctaba, como tantos otros lo hacen en las calles y plazas, por carecer de un techo donde cobijarse.

Si impactante pudiera ser la noticia, más lo era con la fotografía del sin hogar, y sobre todo tras la lectura del magistral artículo de Pedro M. Espinosa que nos la daba a conocer.

Artículo, noticia y reflexión conmovedora. Grito desgarrador a modo de llamada para nuestras dormidas conciencias, pues como nos decía su autor, "todos somos culpables", añadiendo "del primero al último". Con toda la razón pues no se trata de un ciudadano del mal llamado tercer o cuarto mundo, sino de una Europa, moderna y democrática, crisol de derechos y libertades a la que cada día llegan miles de emigrantes huyendo del terror y del hambre, en busca de un mundo mejor.

Y es que, además, este luctuoso hecho a modo de duro aldabonazo, se produce en vísperas de las próximas fiestas navideñas, en las que tras opíparas comidas, recíprocos regalos y parabienes, todos nos deseamos un feliz y prospero año venidero.

Lo cual estaría muy bien, si volviéramos nuestras miradas a los soportales de los cajeros, para cruzarlas con aquellos a los que llamamos indigentes, que de día jalonan cada trecho de nuestras principales avenidas y calles mendigando una ayuda, y de noche esconden sus miserias bajo la soledad de unos cartones o de una manta.

Navidad, si, pero dándonos a los demás, y extendiendo nuestras manos, como hacen cada anochecer ese grupo de personas que bajo el lema de Calor en la Noche de manera anónima, abnegada y valiente llevan a estas personas no solo ese calor humano que necesitan, sino sobre todo cariño y compañía, compartiendo sus soledades y desesperanzas.

Estos sí que saben de celebraciones navideñas, pues lo hacen recordando con su labor, a unos pastores y a unos magos, que hace ya más de dos mil años, se acercaron a una pareja que también sin techo ni hogar, junto a su hijo recién nacido ocupaban una cueva en la fría noche de Belén en Judea.

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