Sisita quiere que vuelva Maitinalia, y la tertulia del Abuelo y la de las Montañas. Sisita es regresiva a los orígenes de todo. Me escribe: Estoy leyendo el libro de Montiel, como me dijiste, y dentro están las tres tertulias. ¿No podríamos hacer, al menos, una? Sisita es resuelta, pequeña, suave, como si el alma fuese de algodón, cuando se pone así. (Cuando se pone guerrillera es mejor temerla y tenerla lejini).

Los intelectuales de la ínsula, incluso los más moderados, tienen una clara querencia a engolfarse en una especialidad, sin importarles nada ni nadie, ni si la realidad de la calle está de acuerdo con sus pensamientos. Viven de copiar papeles y citar textos que los coloquen, según creen, donde no llegan los demás. Y a los demás les importa, llegar o no llegar, un boniato de plástico. Es un decir.

Hay intelectuales que no paran de leer, de instruirse, de gozar con las lecturas que llevan más allá de perimetrales y covid, un poco por huir del miedo y otro poco por aislarse para no ver la realidad de los ERTES, de los ERES y de las industrias que van de suspensión de pagos a quiebra, a comercios cerrados y a despoblaciones y armagedones familiares.

La fecundidad de la lectura depende, a veces, también, no de la belleza de lo que leemos sino de mil accidentes ajenos al libro leído. Escribe Sisita, y me cuenta Por cierto hace un frío que se hielan las ideas. 

Sisita es como el anís, que se te agarra en la garganta y ya no suelta. Me cuenta que en sus volteretas eruditas, conoce a gente que escribe en los periódicos, que se leen entre ellos, En el Crocante parlante, (París, 1891), se lee que los artículos los lee muy poca gente. Que la gente que lee, lee deportes y hace crucigramas. (Perdonen el atiborramiento de leeres).

Hay quien jura que no lee porque ya no hay nada nuevo bajo el sol de la literatura. ¿Has visto hoy el artículo de Jacinto? No. No me ha dado tiempo. Sensacional, definitivo, con decir definitivo te lo digo todo. 

Pues mañana me cargo a la alcaldesa. Dice el susodicho, que está en la barra recibiendo loores. Ya lo tengo escrito. Sí quieres, te lo leo. No. No. Ya mañana…

Sisita jura y perjura que las echa de menos. Me cuenta: El otro día, en la farmacia, me encontré con un tipo calvo pero peinado con el estilo de la raya múltiple. Con gafas, tan atildado que parecía que lo habían planchado allí mismo. Y que cuando habla avanza el antebrazo para matizar. Va demasiado acicalado, como para ser de clase alta. Sólo hablaba de “su” obra con un condescendiente. Desde luego era uno que aparentaba lo que no era.

Pero el covid nos encierra, querida Sisita. Y España, con las redes sociales, vuelve a ser un país de analfabetos y no de abecedetos, que es lo que llegamos a ser. En cuanto pueda te llamo para intentar Maitinalia. ¿Lo prometes? Por supuesto… Callo. Parece que la oigo recitar al magnífico poeta Lesmes de Calahorra: Contra mí misma, peleo. Defiéndame Dios de mí. Ajú. Corro y acelero

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