Análisis

José Joaquín León

El fútbol como problema

Si la clasificación no se ha dado ya por definitiva es sólo por intereses económicos

En la crisis del coronavirus hay dos problemas en uno: el sanitario y el económico. El fútbol profesional está directamente vinculado con ambos. A medida que avanzan los días, las posibilidades de reanudar las competiciones con normalidad se van evaporando. Sin embargo, hay una evidente resistencia a adaptarse a la realidad. No es por fastidiar, ni por falta de solidaridad, sino por la repercusión económica. Antes del parón, se había disputado el 75% de la temporada 2019-2020. Es bastante representativo del rendimiento de los clubes en el total de una competición. Y si no se ha dado ya por definitiva la clasificación es únicamente por intereses económicos.

Para todos los estamentos del fútbol sería ruinoso dar por cerrada la temporada 2019-2020. En justa proporción, los clubes deberían percibir el 75% de los ingresos, los futbolistas deberían asumir una reducción de fichas y salarios proporcional, los abonados de los clubes también podrían reclamar que les devuelvan el precio proporcional de los espectáculos no disfrutados. Igual que las sillas de Semana Santa, por ejemplo.

En el aspecto deportivo hay factores diferenciales para las competiciones. Se ha quedado pendiente la final de la Copa del Rey entre el Athletic de Bilbao y la Real Sociedad, que la podrían disputar en junio o julio. Más difícil será terminar la Champions League, en la que se quedaron pendientes cuatro eliminatorias de octavos de final. Y aún más complicado la Liga española. En la Segunda División faltan 11 jornadas, además de las eliminatorias de ascenso. Para algunos clubes serían 15 partidos. Es una utopía pensar que lo pueden disputar antes de agosto.

No obstante, lo más difícil de solucionar será el aspecto sanitario. Los partidos a puerta cerrada van contra la tradición del fútbol. Sólo se disputaban así cuando una afición era sancionada. Es un castigo. No obstante, podrían decir que a la vista de la emergencia se televisan y se disputan sin público.

Sin embargo, está en juego la salud de muchas personas, principalmente de los propios deportistas. No sólo porque se enfrenten, sino por los viajes, entrenamientos, contactos con familiares al regreso, etcétera. El fútbol ha influido en la propagación del coronavirus en Europa. Los países más afectados han sido los de las grandes Ligas y los que tenían equipos en la Champions League. Es decir, países donde había mayores concentraciones de masas. En Italia y en España se complicó por fallos en otros aspectos, pero el fútbol ha influido negativamente.

Existe un gran temor a que pueda surgir una segunda oleada de contagios. Por ello, reanudar el fútbol es un peligro, y no se va a considerar prioritario, sino al revés. Sólo permitirán partidos en un escenario de recuperación que todavía se intuye lejano.

Las últimas intenciones de la LFP pasan por reanudar las competiciones en mayo, o a principios de junio, en el peor de los casos. Pero la RFEF exigirá una pretemporada previa para evitar lesiones y hasta se habla de permitir cinco cambios. De locos. Se está haciendo demasiado tarde. Y lo más chocante es que no hayan puesto tope para la decisión definitiva. Siguen de espaldas a la realidad.

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