Análisis

rosario troncoso

El frío, menos mal

Baja la temperatura, nos abrigamos y vuelve el sentido común. Eso quiero pensar. Por lo menos en el atuendo. Si sumamos a los serios problemas de comprensión lectora actuales, la falta del valores básicos, el desinterés creciente por el arte (y la necesidad) del saber estar, la desinformación sobreinformada y Maluma (que sí) obtenemos un "empoderamiento" feroz de la estupidez, además de muchos conflictos impensables entre personas sensatas. Pero la sensatez, y volvemos a eso tan carca de los valores, es algo que no tiene muchos seguidores en Instagram. La provocación, sí. Y miren, hasta ahora ni mú, por aquello de que fueran a llamar retrógrada e intolerante a servidora, y que se me notara ese barniz antigüito que me dieron en el colegio de monjas. Pero oigan, me atrevo por fin a manifestar mi desacuerdo de que a los centros educativos, por ejemplo, no se va como quien va a grabar un videoclip de Trap. El colmo de la temeridad es asociar esto al machismo y atacar, otra vez, a los docentes. Recuerden esas pintadas agresivas que aparecieron hace muy poco en las paredes de un instituto, por la inmadurez de una alumna empeñada en normalizar el ridículo absoluto, por destacar. Quién sabe.

Que una chica (o un chico) acuda a su instituto con poca ropa, o disfrazado de Batman es un acto premeditado, y, seguramente, hay un papá y una mamá que están de acuerdo. Y es terrible. Aunque más terrible es que lo ignoren por ausencia.

No hablaré del decoro, de los buenos modales, del respeto a los demás que también se demuestran en la imagen propia y en el cuidado de la higiene personal. No lo hago yo porque lo hacen muchos adolescentes con los que convivo todos los días, que no son machistas, ni carcas, ni retrógrados, sino más bien al revés: son personas con amplitud de miras, preocupados por parecer, claro, pero que se toman en serio el estar y sobre todo el ser.

Quizás me vean ya como una carrozona que no sabe lo que dice, y que ya olvidó sus años de heavy metal en negro integral o los cigarros a escondidas en el baño que no le hacían daño a nadie. Nada más lejos de la realidad.

Ha llegado el frío, por fin. A ver si por unos meses se congelan las pamplinas que nos desvían de lo que importa. Como diría Gil de Biedma, "que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde."

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