Hoy no les voy a hablar de esta devastadora fiesta que llaman el Carnaval, aunque no tenga nada que ver con un verdadero Carnaval, ya que se ha convertido en el programa La Voz, porque solo hay audiciones. Para colmo también hay batallas y le han puesto eso tan cursi de batalla de coplas.

Por lo menos en los antiguos carnavales de antes de la guerra había bailes, batallas de flores y mascaradas; en las Fiestas Típicas franquistas había majorettes, látigo macareno y coches choques y hasta casetas con actuaciones, además de los bailes del Falla.

Antes el dictador era Franco y ahora en este Carnaval son los autores los que han impuesto que la fiesta consista en escucharlos, aplaudirlos y adorarlos.

Tampoco les voy a hablar del gran dividendo del Carnaval: la basura. Hoy no toca decirles que el contrato de limpieza de Cádiz es una pesadilla para todo contratista y que le cuesta más dinero al contribuyente que en cualquier otra ciudad donde no haya que recoger litronas vacías o toneladas de basura, ni baldear meados.

Hoy lo que toca es hablar del día más grande del año, porque hoy bailan los seises en Sevilla con el terno del rojo litúrgico y comienza la Santa Cuaresma.

Hoy no les hablo de esta fiesta chillona y sucia, ni de este carnaval degenerado, ni de los invasivos autores, ni siquiera del tal Kichi.

Si hablara de ello no sería Miércoles de Ceniza sino los cenizos del miércoles.

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