No tengo ni idea de quién es el padre de Cayetana Álvarez de Toledo ni tampoco sé a qué se dedicaba su madre. Desconozco si es marquesa de Blanco-Hermoso, condesa de Barranquilla o baronesa de Schindler. Lo único que sé de ella es que ha dicho que eligió ser española, que es importante en el Partido Popular de Casado y que últimamente parece como si votara a Vox en las primarias (si es que Vox hace primarias, que no lo sé). La impresión que da es la de una mujer de mente ágil, altiva y orgullosa, pelín clasista, la barbilla inclinada en grado superior a la media.

Pienso que Cayetana, acento lejano y lengua viperina, patinó ayer, amparada por la inmunidad que le ofrecen su cargo y el hemiciclo que ocupa, al atacar a Pablo Iglesias a través de su padre, al que calificó de terrorista. Desconozco si es cierto o falso que el progenitor del líder podemista perteneciera al FRAP pero, en realidad, me da hasta lo mismo. Con independencia del destrozo a la propia imagen y el honor de Iglesias senior, ¿debe alguien aguantar que se le haga responsable de los actos de sus creadores?

Si la madre de Álvarez de Toledo hubiera fusilado judíos en Polonia o su padre hubiera vendido su cuerpo en los callejones de Argentina, ¿eso la incapacitaría para dedicarse a la política? ¿Justificaría que se despreciara a ella, defensora de un doctorado en Historia por la Universidad de Oxford? Ya está bien de zaherir al adversario con cualquier cosa, con el palo y la astilla, con argumentos que van más allá del ad hominem, del ataque personal; ya ni tan siquiera se refieren al increpado sino a sus ascendientes.

Erró también el vicepresidente al despreciar a Cayetana llamándola "la Marquesa", como si heredar el título de la vieja nobleza importara más que convertirse en un nouveau riche, pero es algo leve comparado con el tono abrupto y descosido de la portavoz popular. Igual que critiqué hace unas semanas a Iglesias por mentar inmundicias en el Congreso, lo hago hoy con una señora que parece no temer a nada, que la tiene más larga que cualquiera y que siempre prefiere pasarse a quedarse corta.

Me extraña, además, que Álvarez de Toledo recrudezca el tono justo el día en que Grande-Marlaska debía ser el centro de atención, en que debía explicar el porqué de la destitución de Pérez de los Cobos y qué confianza es la que se había perdido y por qué. La marquesa de Casa Fuerte ha sido tremendamente torpe al montar "un pollo" mediático a Pablo Iglesias provocando que el tambaleante ministro de Interior ceda su foco de atención a la pareja de Irene Montero. Por muchos votos que crea Casado que va a ganar con esta estrategia tan blitzkrieg, más serán los apoyos que perderá del centrismo moderado, espantado de esos tics totalitaristas, que asemejan a los que los utilizan a aquéllos de los que quieren diferenciarse.

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