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La esquina del Gordo

La educación en Andalucía

El fracaso educativo en Andalucía depende de la gestión de los políticos

Con el nuevo cambio educativo que se avecina, tratar de definir la Educación es una estupidez, y si no fuera porque volverá a repercutir negativamente entre los estudiantes, no merecería la pena ni el más mínimo comentario, como ocurre con todo lo que hace la casta que tanto nos perjudica y a ella beneficia. Espero que un día se consolide la idea de que a esos mangantes les importamos un carajo, y obrar en consecuencia. Han pasado unas semanas desde que una cabra sin bozal arremetió contra el fracaso educativo en Andalucía. Otra cabra con el mismo atalaje saltó diciendo que aquellas declaraciones era una ofensa para los andaluces, cuando en realidad lo que se ponía en entredicho, gracias al informe PISA, era que por aquí renqueábamos dos cursos por debajo de otras comunidades. De ofensa a los andaluces, nada; si acaso un censura explícita a la incompetente gestión educativa que se llevaba a cabo en esta tierra de María Santísima.Paralelamente o al socaire de esta controversia, cabría una pregunta sencillita, a la vista del desmadre socialista andaluz: ¿Cómo en cuarenta años el PP no ha podido, sabido, alcanzar el poder en la Junta? Sí, la respuesta –solo apta para carajotes sin tesis ni másters de pacotilla– es que gracias a los PER, a los ERE y a todas las impunidades donde el PSOE ha estado para hacerse con una clientela fiel, entre la que se incluye los adictos a los puticlubes, que no son solo los que figuran en las listas. El fracaso educativo en Andalucía no depende ni siquiera del magisterio, sino de la gestión de los políticos en desarrollar planes de estudios acorde con los tiempos presentes y futuros.A partir de la nueva reforma educativa todo irá a peor. Aumentará el número de jornaleros subvencionados, seguirán sin dar ni golpe –total para qué, si el jornalito ya lo tienen PERpetuo–; será más imponente el muro de los analfabetos; crecerá la mano de obra eventual con la dura competencia de los inmigrantes; la Justicia –sobre todo la social– seguirá a ralentí, y todo seguirá igual a los días de vino y rosas del señorito Arenas de turno mientras sus secuaces seguirán haciendo oídos sordos a la metástasis que padecemos. Hacer tabla rasa con unos y con otros ofende, más aún gracias a los que siguen empeñados creer que la sociedad se divide en buenos y malos, que es tanto como pretender disimular las carencias que subyace en todos y cada uno de los pilares que justifican una acción positiva del gobierno de turno, sea cual sea su color, venga de donde venga. ¿Educación? ¡No, dinero! Ya sea con impuestos injustos aunque se justifiquen como necesidades para asegurar un jornalito para ir tirando mientras los elegidos esperan la oportunidad de dar un pelotazo que sirva para situarse a salvo de cualquier contingencia, sean con los ERE, los PER o con los cencerros tapados.Ya, sí, ¿pero la Educación? ¡Joder, qué pesado! ¡Con lo a gusto que se está en el poder –o en la oposición– mangoneando un pueblo de analfabetos!

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