Análisis

fernando santiago

La eclosión gurmé

Acaban de abrir una nueva tienda de vinos en la calle San Pedro que se une a las que ya existían en la Alameda y en Cardenal Zapata. Para que luego digan que Cádiz va mal. Hemos pasado sin solución de continuidad del tetra brick de Don Simón a distinguir añadas y pagos, a decir "yo prefiero un vino de la tierra de Cádiz a cualquier Rioja" , "a mí me gustan los vinos jóvenes y afrutados", " donde se ponga un Ribera que se quite lo demás, mejor un crianza de Ribera a un gran reserva de Rioja", "el mejor blanco es un tinto". En Cádiz la gente era de Valdepeñas con casera antes de que llegara el tinto de verano y ahora a la mayoría le parece un atentado al paladar que se le eche una gaseosa a un vino. Todo el mundo conoce una bodega extraordinaria que te manda vinos a casa a un precio fantástico, es raro el que no sabe una marca rara que venden en Mercadona por 5 euros de la mejor calidad. La generación anterior a la nuestra iba al Bache Nicanor "qué fatiga pasaron los tajás, cuando se prohibió , la venta del alcohol vaya que sí que sí señor", al Pedrín, al Velardes Plaza, a la Pila Vieja "qué de semáforos han puesto por todos lados, que andamos los peatones muy despistados". El Samuel, el Caleta, el Hamburgo, la Carbonería, el Submarino, el Salón Moderno, la Cueva del Pájaro Azul, el Maestrito. Ahora en cada esquina una oferta novedosa donde para empezar el primer debate es el vino que se va a tomar, los cuñados doctorados en enología, los gaditanos sommeliers de casapuerta, para que luego digan que cualquier tiempo pasado fue mejor. Antes se tomaba Reguera de barril, ahora la gente cuenta cómo descubrió un palo cortado o un fino en rama de no sé qué marca. En Aponiente se puede pedir el menú degustación por 250 euros pero si quiere acompañarlo del maridaje de vinos hay que sumarle a la broma otros 100 eurazos. No es de extrañar que Ángel León , además de haberse quedado para su chiringuito un molino de mareas público con un subterfugio que esquiva la ley de costas, ahora le han preparado un concurso para quedarse con un trozo de marisma. El resultado de los paladares exigentes.

Antes la gente salía a comer a La Flor de Galicia, el Achuri o el Anteojo, según los posibles. Ahora Cádiz se ha llenado de todo tipo de experiencias gastronómicas que nos cuentan en tiempo real cientos de revistas, blogs, libros, webs y lo que sea menester. El precursor fue Pepe Monforte pero ahora das una patada y caen expertos de los árboles, todos recién llegados de una exigente cata en La Cepa.

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