Análisis

tamara garcía

La dignidad del pobre

La situación no viene al caso, todo se saldó con unas disculpas previa protesta de nuestro colectivo, pero se quedó en el aire una impresión, una idea, incluso, refrendada por algunos ciudadanos, que me dejó esa bolita de fuego en la garganta que al no ser expulsada en su momento empieza a solidificar. Y a pesar. Que si se ponen muchos problemas, que si por nuestra culpa nadie iba a querer a venir a Cádiz a rodar, "y le hace mucha falta, ¿no?..." Ay amigos, ahí me tocaron la dignidad del pobre. Tan pobre, tan pobre, que no tengo precio. Tanta falta me hace tu dinero como a ti mi espacio hermoso, tranquilo y seguro, sobre todo, seguro, más seguro que la Marsella de la que me disfrazan. Un servicio, un pago. Así de simple, así de digno. Obviando nuestros tiras y afloja por la conveniencia, o no, de facilitar información, no me restrieguen nuestra necesidad, que soy tan pobre, tan pobre, que, si quiero, te lo doy gratis, pero nunca barato.

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