Análisis

José pettenghi

El día del insulto difunto

Yo creía que pasados unos días desde que Teófila Martínez llamara 'fascista' y 'cacique' al alcalde de la ciudad, habría reflexión, disculpas, aclaraciones… Pero mi ingenuidad no tiene límites: ha ocurrido todo lo contrario, ella y su corte de fieles se han encastillado en su posición y hay quien dice, incluso, que hizo muy requetebién y que se quedó corta…

No sé qué opinarían si alguien, durante los veinte años de reinado absolutista de Teófila, hubiese hecho algo así. No sé, pero lo imagino.

Lo cierto es que el vídeo de los insultos se ha hecho viral y todo el mundo opina. Yo también, y opino que hasta para insultar se precisa arte y preparación. La calidad de la metáfora empleada para ofender es una elocuente muestra de talento. Aquí no hay nada de eso, la pobreza insultológica revela que cada uno insulta como es. ¡Cuán lejos aquellos bonitos insultos con ribetes líricos como 'bolivarianos', 'co-mu-nis-tas' o 'antisistemas'! ¡Ah, qué tiempos!

Para insultar, además, hace falta serenidad. No debe hacerse al borde de un brote psicótico. Y no es que la insultadora perdiera las maneras, no, son las suyas de siempre. De ese tono desafiante y pendenciero pueden dar fe cuantos pasaron por la oposición municipal durante el teofilato.

Pero, sobre todo, insultar exige elegir muy bien el insulto para que no te lo devuelvan con intereses. Y aquí Teófila cometió dos errores. Uno, usó 'cacique'. ¿Cacique? Lo mismo se acerca más al concepto caciquil quien figura en los papeles de Gürtel por trincar 30.000 euros. O quien lleva desde 1977, cuarenta años, en política, subida a un coche oficial.

Y, sin duda, fue un gran error llamar 'fascista' al alcalde. ¿Fascista? Lo mismo es más fascista pertenecer a un partido fundado por un ministro franquista. Un partido que, por cierto, no ha condenado aún al régimen fascista de Franco. O sea, que Kichi puede ser fascista, pero Queipo o Varela, no. Curioso.

Pero lo más fascista de todo es el insulto como argumento para deslegitimar. Fascista es la descalificación personal como razonamiento.

Mucho nerviosismo, demasiados aspavientos. Se les acaba el guión.

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