Análisis

colectivo cádiz 2017

En la despedida del Juan Sebastián Elcano

Tenemos todos los años una ceremonia militar que debería ser una fiesta en la ciudad

Hacer de la necesidad virtud es una expresión que invita a aprovechar al máximo los pocos recursos que se tienen. En Cádiz tenemos que hacer de la necesidad virtud. Es reiterativo volver a hablar de la falta de industrias, de la precariedad de los empleos (y de las empresas, que son las que lo generan), del endeudamiento de los ayuntamientos, que los asfixian e impide acometer proyectos que serían buenos para los municipios… Tenemos sin embargo un sector pujante, que ha nacido y crecido al calor de la excelente climatología, de la amabilidad natural de los pueblos mediterráneos, de la belleza de nuestros paisajes, de la singularidad de nuestras costumbres y tradiciones… Spain is diferent, por eso somos líderes mundiales en turismo y esta es, no lo olvidemos, la principal industria de la Bahía.

Hemos sido capaces de sacar punta a un montón de recursos (gastronomía, flamenco, bodegas, playas, palacios, conventos e iglesias, carnaval…) pero tenemos en la Bahía un asunto pendiente con algo único, que solo pasa en Cádiz y que solo pasa una vez al año. Algo exclusivo, impactante, emocionante, inolvidable para los que lo han disfrutado alguna vez, colorista, sencillo de conseguir, vibrante, rentable para la ciudad y la bahía, algo como el fin de semana de las motos pero mucho más barato que montar un circuito de velocidad, algo que tiene un público fiel y predispuesto a pasarlo bien y a disfrutar del espectáculo…

Tenemos todos los años la salida desde el muelle de Cádiz del Juan Sebastián Elcano, una ceremonia militar que debería ser una fiesta en la ciudad y la bahía porque tiene todos los mimbres para ello. Un fin de semana con el cartel de "no hay billetes" colgado en los hoteles, los restaurantes, los alquileres de coches, los atraques de los puertos deportivos, el comercio de la ciudad…

Tenemos todos los años una pequeña "gran regata" que organiza la Armada en Cádiz, donde nació el barco, y donde se fundó hace 300 años la Academia de Guardias Marinas. En la Bahía en la que está el muelle en el que atraca y repara siempre que no está en cruceros de instrucción.

Basta mirar a nuestra vecina Málaga para ver hasta dónde se puede estirar algo parecido. El Jueves Santo desembarca en un muelle de esa ciudad la Legión Española para trasladarse a la Iglesia de Santo Domingo y custodiar al Cristo de la Buena Muerte, con el que luego procesionan cantando aquello de "soy el novio de la muerte". ¿Simple verdad?, pues solo hay que acercarse a Málaga para comprobar que este sencillo acto, debidamente "vendido" y una vez asimilado por los malagueños como suyo, es capaz de congregar en la ciudad a un millón de personas que meten los coches en los parkings, reservan hoteles, comen, compran, hablan de Málaga a sus amigos, prometen volver cuando haya menos gente…. Un millón de personas la verdad es que da para mucho.

Aquí en Cádiz tenemos desde hace casi un siglo la salida del Elcano, hijo de la ciudad, protagonista de coplas, estampa de nuestras postales… pero el día que se va solo se reúnen en el muelle los familiares de la dotación y algunos 'picaítos' que han estado atentos a la fecha y se han acercado al muelle.

Este año, tras haber invitado sin éxito a algunas instituciones a que liderasen esta oportunidad, un grupo de gaditanos de a pie, que nos hemos reunido de manera natural para conmemorar el tricentenario del traslado de la Casa de Contratación a Cádiz, vamos a tratar de darle un poquito más de contenido a esta fiesta marinera y vamos a aportar todo lo que podamos para que el muelle se llene de pañuelos blancos diciendo adiós y la bahía se llene de velas blancas acompañando al barco gaditano en las primeras millas de su viaje.

Colocaremos banderas, regalaremos gallardetes de recuerdo, proyectaremos películas, animaremos a la gente de los clubes a que salgan, cantaremos, entregaremos recortables a los niños, grabaremos todo para que esas espectaculares imágenes den la vuelta al mundo enseñando Cádiz, pediremos a los remolcadores que hagan sonar sus sirenas… y moveremos todo lo que podamos la ciudad para que el año que viene la onda Elcano vaya creciendo.

Tal vez dentro de 10 años, en el viaje del centenario, logremos que haya en la ciudad un millón de personas como pasa desde hace muchos años en Málaga, esa ciudad vecina a la que miramos con envidia de reojo por sus museos y su pujanza, y que lo que está haciendo realmente es mostrarnos el camino.

Hagamos de la necesidad virtud y el próximo 12 de marzo, a las 10 de la mañana en el Convento de Santo Domingo, y a las 12 en el muelle, vayamos todos a despedir a Elcano e invitemos a nuestros amigos y familiares a que vengan a Cádiz ese día. Seguro que no se marcharán defraudados.

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