Crónica de San Juan de Dios

Melchor Mateo

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El falso cascarón de huevo

Domingo Villero, concejal no adscrito, puede ser la clave para aprobar los presupuestos

Domingo Villero, concejal no adscrito, junto a sus ex compañeras de Ciudadanos en el Pleno del viernes. Domingo Villero, concejal no adscrito, junto a sus ex compañeras de Ciudadanos en el Pleno del viernes.

Domingo Villero, concejal no adscrito, junto a sus ex compañeras de Ciudadanos en el Pleno del viernes. / Joaquín Hernández Kiki

Un verso libre en la corporación

El concejal no adscrito, Domingo Villero, protagonizó el inicio de este mandato de la Corporación con su fuga de Ciudadanos. Su nombramiento como cabeza de lista de esta formación fue tan ruidoso como su dimisión. Un paso efímero por un partido que sumaba otro díscolo y rebelde en su haber. Villero dejaba Ciudadanos pero no su escaño como concejal, por lo que en cada Pleno municipal se le puede ver en una esquina sentado al lado de su ex compañeras de Ciudadanos teniendo turno de palabra en cada punto que se trata.

Digamos que es un verso libre en el que repite el mantra famoso “que si esto es bueno para Cádiz, tengo que apoyarlo”. En el último Pleno celebrado este viernes, el edil no adscrito expresó en numerosas ocasiones sus quejas porque no le llegan muchos informes y documentación de algunos de los organismos autónomos y empresas públicas donde no tiene representación. Asegura que juega con desventaja. Villero no tiene ni siquiera despacho en el Ayuntamiento para reunirse con nadie. Eso es lo que tiene haberse salido del camino, algo que hizo voluntariamente como se encargó de recordarle el alcalde en la sesión del viernes.

A Domingo Villero ninguno de los partidos se lo toman en serio. Sin embargo, en ese papel de cascarón de huevo puede ser el instrumento perfecto para que el equipo de Gobierno saque adelante los temas principales de su mandato, incluido los presupuestos. Adelante Cádiz no tendría que negociar con nadie, sólo tendría que convencer a una persona que, además, se encuentra en una situación absolutamente precaria para desarrollar su labor como concejal en el Ayuntamiento.

El Partido Popular no ha contado prácticamente nunca por principios y porque tradicionalmente lo han encontrado en contra. Por su parte, el PSOE, que era la llave en el anterior mandato aunque muchas veces iba a la cerradura incorrecta, corre el riesgo de no tener influencia alguna, de la invisibilidad, que es lo peor que le puede ocurrir a una formación. Villero, por su parte, va a su aire y puede ser el aliado perfecto para conseguir la mayoría.

Efecto Michinina

Inmaculada Michinina enseñando sus manos para trabajar se convirtió en el símbolo de todos los que fueron pasando por el Pleno del Ayuntamiento en los últimos años de Teófila Martínez para reclamar trabajo, vivienda o, simplemente, para mostrar su desesperación. Aquella intervención se viralizó, como se dice hoy en día, y mostró el camino a muchos que vinieron después y que buscaron el mismo efecto mediático, ya incluso con Kichi con el bastón de mando en San Juan de Dios.

Este viernes una mujer sufrió un ataque de ansiedad cuando fue desalojada del Salón de Plenos por la Policía Local tras tratar de intervenir en medio del debate de una propuesta. Su imagen en el suelo gritando para que no se la llevaran heló la sangre a los concejales y a todos los que estaban allí. Carmen Sánchez incluso tuvo que salir con lágrimas en los ojos del Salón de Plenos y el alcalde fue a hablar con ella al despacho al que se le condujo para que se calmara. Las formas no fueron las adecuadas porque interrumpió la sesión plenaria pero el grito de desesperación de la mujer no podía dejar indiferente a nadie, muy lejos de algunos shows que se han visto en determinadas ocasiones.

Plenos llenos de paz y amor

Sigamos con el Pleno. Antes cualquier sesión era un campo de batalla donde las balas silbaban de un lado para otro, con cuerpos a cuerpos muy duros y pasados de rosca, donde la educación a veces brillaba por su ausencia. Eran palabras como balas y los pistoleros estaban en todos los partidos. Ahora un Pleno es casi una comuna de paz y amor, salvo por algunas excepciones. Escuchar a muchos de los concejales de la oposición y del equipo de Gobierno en sus discursos y en mostrar sus diferencias en diversos temas es mucho más suave que en el pasado, tanto en el fondo como en la forma. De vez en cuando la cabra tira al monte, pero en general el tono se ha rebajado en muchos puntos. Como anécdota, la edil de Servicios Sociales, Helena Fernández, defendió un tema relacionado con los servicios sociales y desde el PP se le dijo que había estado un poco alterada. Ella dijo que simplemente era su forma de hablar, que es impetuosa. Nada que ver con el pasado reciente.

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