Crónica de San Juan de Dios

Melchor Mateo

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El PSOE se pierde en su laberinto

En el asunto de la Juan Carlos I criticaba por un lado la medida pero se ponía de perfil al votar sin generar una concordancia entre las palabras y los hechos

Busto de Juan Carlos I en la avenida que llevaba su nombre hasta el pasado viernes. Busto de Juan Carlos I en la avenida que llevaba su nombre hasta el pasado viernes.

Busto de Juan Carlos I en la avenida que llevaba su nombre hasta el pasado viernes. / Jesús Marín

El Grupo Municipal Socialista se metió en un laberinto en el pasado pleno municipal con su abstención en el punto de la retirada del nombre de la avenida Juan Carlos I por el de la Sanidad Pública. La abstención era un voto favorable encubierto porque sabía de sobra que con esa postura permitía que los planes del equipo de Gobierno, que tanto había criticado, salieran adelante.

Cuando este periódico solicitó a todos los grupos políticos el pasado jueves cuál iba a ser el sentido de su voto en este tema y su argumentación, en todos los casos menos en el PSOE había una concordancia entre el voto y el argumento. En los socialistas se trataba de dar un circunloquio, un rodeo innecesario para dar muestras de que no seguían la rueda a Kichi y compañía pero a la vez no querer ponerse enfrente. El resultado fue que se cambiaba el nombre. Al final, la realidad es tan retorcida que los que han quedado como los auténticos verdugos han sido los socialistas, por encima de Adelante Cádiz.

No es la primera vez que le ocurre en los últimos tiempos. Con el anterior portavoz, Fran González, que fue el gran valedor en el inicio de la política de Mara Rodríguez pese a que ahora la relación se haya enfriado, por la mañana hubo una rueda de prensa incendiaria con el asunto de la remunicipalización por medio y por la tarde hubo otra abstención que permitió que saliera adelante.

En el PSOE actual hay una especie de obsesión con el mantra del palo en las ruedas que tanto usó el equipo de Gobierno en el anterior mandato. En los socialistas se ha hecho el análisis de que esa oposición tan dura y coincidente en muchos casos con el Partido Popular y Ciudadanos originó la debacle en las elecciones municipales. Hablamos de política ficción, pero seguramente el resultado no hubiera variado mucho porque la marca Kichi estaba en todo su apogeo.

En el PSOE se trata de marcar las distancias con los otros dos partidos de la oposición. Eso no es malo como punto de partida pero sí cuando les lleva a caer en las contradicciones. Uno no puede contar un chiste llorando a lágrima viva con cara de pena. Si consideraban que era una estratagema para desviar la atención y una cortina de humo, por qué participan en el juego y, al final, hacen que se salgan con la suya. Da la impresión que se han encontrado con un plato de difícil digestión. Quizás lo que les ha faltado es un construir un discurso creíble desde el principio y, sobre todo, que fuera coherente con el voto final.

En el asunto de la Juan Carlos I tampoco se ha entrado al fondo del asunto, sino que todo se ha quedado en la superficialidad de las cortinas de humo sin analizar si el Rey emérito reunía merecimientos para que le fuera retirado el nombre de la avenida.

Mara Rodríguez desdeñaba el papel de llave que tuvo en el anterior mandato, la que precisamente abrió la cerradura de la entrada en el Gobierno de Kichi para acabar con los 20 años de Teófila Martínez. Eso, aseguraba, le podía poner en determinadas tesituras complicadas. Ahora es un concejal no adscrito el que tiene la posibilidad de levantar o bajar el dedo a las distintas propuestas que lleguen a pleno, dejando a los socialistas en una irrelevancia próxima a la que tenía con el rodillo que ejercía el Partido Popular en sus años de mayoría absoluta.

El PP trató de lanzarle un órdago al PSOE para poner en marcha una moción de censura que acabara con el Gobierno de Kichi, una operación que tendría que unir a toda la oposición en pleno y hacer extraños compañeros de viaje en el gobierno de la ciudad. Mara Rodríguez tiene razón en eso de que los votos de los ciudadanos hay que respetarlos, pero esa teoría debería aplicarse a la práctica siempre y no sólo cuando conviene.

El partido que tiene su sede en Gaspar del Pino lleva atravesando en la capital gaditana su travesía del desierto desde el año 1995. En todo ese tiempo han pasado como candidatos a la Alcaldía cinco personas sin que ninguna haya superado los ocho concejales. A lo largo del tiempo se viene escuchando aquello de que es la alternativa real de izquierda, que es el partido que más se reúne con los colectivos y que es el que ofrece soluciones. Sin embargo, una vez tras otra sigue sin recibir la confianza mayoritaria del electorado. En tres años habrá de nuevo examen y para ello el PSOE tendrá que definir muy bien qué quiere ser y representar.

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