Estoy evitando por todos los medios poner la televisión a la hora de las noticias y pasar directamente a la sección de cultura y entretenimiento en los periódicos. Me atonto adrede y emboto los sentidos con música y lecturas intranscendentes. Y les confieso que también me salto los artículos de opinión, traidora que es una, por no leer nada acerca de lo mismo. Pero sin tregua, la actualidad, la realidad del mundo, llega e invade todas las estancias de la casa y el corazón. Y otra gravísima confesión les hago: Mr. Trump, el dueño del Universo, me ha enternecido e incluso me he sentido identificada cuando ha insultado a la CNN por machacar con el temita de la pandemia. Es que este señor está muy harto, como lo estamos todos. Y aunque no sea la solución dar la espalda a la información y optar por una actitud avestrucesca (sí, término que no existe ni lo reconoce el Word), a veces viene bien una buena dosis de huida para coger aire. Porque créanme, debemos coger aire y hacer acopio de amor, abrazos de las personas de las que nos fiamos todavía (se recomienda llevar un termómetro en el bolsillo, porsiaca), y, ya puestos, un par de palés de turrón de Suchard y hojaldrinas, o cualquier otra fuente de felicidad para los días de encierro que probablemente nos impongan. No les pediré que hagan como servidora, y apaguen la tele, pero si no lo hacen sufrirán de desorientación y confusión entre tanta palabrería poco saludable. Toque de queda. Estado de alarma. Sanciones. Cargas policiales. Apocalipsis zombie. Y no, no estoy negacionista perdida, aún no llego a ese extremo, pero a veces tengo impulsos kamikazes y me dan ganas de ir al súper sin mascarilla y quedar con todos mis amigos para achucharlos. Recupero pronto la cordura, descuiden. Pero es un hecho que en todas las conversaciones se saque el tema del fin de los tiempos, y hagamos planes, si nos confinan. Todos fantaseando con el temor de vernos otra vez obligados a hacer videollamadas al cuñado, en el mejor de los casos. Aunque no hay que repetir hábitos para no emular a Bill Murray en Atrapado en el tiempo. Esperemos que la marmota, si sale de la madriguera, no vea su sombra por no prolongar seis semanas más este invierno raro que vivimos todos desde marzo. Ojalá. Debemos mantener el equilibrio, enterrar el móvil un rato al día por si germina y hornear buenos bizcochos de paciencia mientras invocamos a la primavera. Y como soñar es gratis, hagámoslo con cosas todavía más utópicas y raras como que nuestros líderes políticos sean honestos, transparentes y humanos. De momento servidora acumula deseos, películas, solución para posibles errores y algunos libros para releer que me recuerdan a una época en la que vivíamos quejándonos, sin valorar el aire libre y los proyectos de futuro. Pero no les machaco, no sea que dejen de leerme, pues yo les necesito a ustedes, si nos confinan.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios