Hace poco menos de un año pintaron en los pasos de peatones de mi barrio –supongo que en otros también- frases contra el machismo y a favor de la igualdad. La mayoría de los lemas siguen bien visibles, recordando cada vez que cruzo afirmaciones de Perogrullo que, sin embargo, hay quien sigue sin entender. Excepto uno. Apenas un día después de aparecer, alguien emborronó parte del mensaje, para convertir ‘No toleres la violencia machista’ en ‘No toleres la violencia’.

Como aquello coincidió con una de estas olas de negacionismo machista que venimos viviendo en los últimos tiempos, y estaba saturada de indignación, intenté dejarlo pasar. Total, enrabietarme para nada.

Solo que hoy, tras lo ocurrido por el último asesinato en Madrid, volví a pasar por el cruce emborronado, y ya no me pareció una gamberrada, sino la plasmación de una corriente que no hace más que afianzarse, contra toda lógica.

Cualquiera que tenga un poco de comprensión lectora entiende que luchar contra la violencia machista no implica ignorar el resto de violencias. Como proponer medidas para sancionar el acoso laboral no significa, por poner un ejemplo, que el resto de acosos no sean perseguibles. Ni pedir leyes contra la explotación infantil conlleva defender que se esclavice a los seres humanos mayores de edad.

No se trata de negar el dolor de otros. Nadie pone en una escala a las víctimas. Solo se trata de hacer patente lo que ha quedado demostrado, que el origen de esta violencia es distinto y que, por tanto, las herramientas para erradicarla deben ser específicas. Parece mentira que aún haya que explicarlo: las agresiones machistas no vienen causadas porque a un hombre violento se le va la mano, ni están movidas por típicas motivaciones delictivas, como la avaricia económica, ni siquiera por la pasión, como se calificó tanto tiempo.

Igual que no se acaba con el terrorismo pensando que es obra de asesinos individuales en un momento de arrebato, no acabaremos con la violencia de género tratando estos crímenes como el resto. El complemento, más que le moleste a algunos, hay que dejarlo.

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