Análisis

milA alarcón

Estado comatoso

El centro tiene un problema de los gordos. La cosa se ha liado tanto que ya no se sabe por donde meterle mano al asunto. ¿Qué fue antes? ¿El huevo o la gallina? ¿Se arreglaría la situación si el casco histórico estuviera peatonalizado y la gente pudiera pasear? ¿o es preferible que a estas alturas - tras muchas de las tonterías que se han cometido en temas de urbanismo- la gente llegase directamente con el coche hasta la puerta del establecimiento? ¿Se animaría la gente a bajar más al centro si hubiera un Zara o un Corte Inglés?

Ayer, sin ir más lejos, le planteé esta última cuestión a un comerciante de la zona: "Yo estaría encantado. Así, la que viene a comprar a Zara, se puede fijar en el escaparate de al lado, que en este caso sería el mío", confesó. Concretamente en este tema El Puerto perdió hace mucho tiempo el tren. Hay que tener en cuenta que lo primero que hace una compañía de este tipo al abrir una tienda, incluso antes de adquirir el local, consiste en ponerse en la puerta del supuesto establecimiento y contar cuánta gente pasa. ¿De verdad nos creemos que a Amancio Ortega le merece la pena abrir una negocio aquí, donde a las seis a la tarde ya no hay nadie en el centro?

El centro de El Puerto está deshabitado y empobrecido; ese es su principal problema. Ya basta de ferias medievales y rutas de tapas que, aunque están bien, sólo atraen a gente durante unas horas y días concretos. Luego, el resto de la semana, la zona está muerta. A ello se le añade otros problemas que tampoco calman la situación, como los precios de los alquileres (en la calle Luna hay locales que se rentan por 3.000 euros) o la lentitud de la burocracia y de la administración (con licencias que tardan más de un año). El centro hay que repoblarlo. Y hay que hacerlo ya, antes de que sea tarde. Por el momento hay que agradecer a los negocios de toda la vida que continúan abiertos y que aún mantienen la zona viva a la espera de que sus propietarios se jubilen. ¿Qué pasará después?

Los adolescentes dicen que la ciudad en invierno se convierte en "El Muerto de Santa María". Aunque al principio molesta oír eso, en algunas cosas llevan razón. Aunque aún no está muerta, la ciudad está comatosa y grave. No hay que esperar a que su salud empeore.

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