Estamos pasando y percibiendo de manera sobrevenida un cambio de paradigma en nuestra forma habitual de vida. Habitamos una ciudad dormida, adormecida después del letargo precisado por una especie de gorgojito invisible que ha sido capaz de igualar las clases sociales de forma drástica y letal.

Ya no existen perros vagabundos ni pregoneros apocalípticos del fin del mundo. Ahora los chuchos sacan a pasear a sus mascotas que deambulan cabizbajos como almas en pena buscando esquinas para echar una meada mientras los canes tiran de las correas.

El canto del mirlo resalta aún más en el sepulcral y estremecedor silencio de las calles. Las aves más amenazadas del planeta ya se han confabulado para celebrar su primer Día Mundial. Las noches agonizan perdiendo segundos de vida. Llegó la primavera. Tan solo percibimos aromas y fragancias de su embrujo esparcidos en porciones de recuerdos instalados en la lejanía de nuestra memoria olfativa.

Nos hemos vuelto elementos sospechosos de casi todo. Ahora se aplaude con fruición a quienes lucen uniformes sean del tipo que sean. La telerrealidad se ha individualizado y se manufactura informalmente desde casa con interferencias que nos recuerdan a la UHF del tardofranquismo.

A día de hoy son balcones y ventanas sin visillos los que se han vuelto imprescindibles como cordones umbilicales con el mundo exterior, ese que no aprendimos a apreciar nunca en su justa medida. Nuestros sueños e inquietudes nunca predijeron pendencias que suenan a vividas y que, ni por asomo pensábamos remedar.

Intuyo, porque no puedo ver, a la plaza de Peral y a la del Polvorista, a la Bajamar y al paseo de la Victoria vacíos de contenido humano. Los seres inquietos que fuimos y que ahora hurgamos amenazas por las veredas, navegamos íntimamente como turistas despistados por nuestra siempre evocada juventud. Pero seamos próvidos, porque es momento también de despreciables pusilánimes que escupen ponzoña con lenguas bífidas y retorcidas intentando confundir a quien les quiera oír. No hagan caso. Son los de siempre.

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