Análisis

Antonio Morillo Crespo

Otro charco

Es el segundo donde me meto y eso que me dicen y redicen que no me meta en asuntos vidriosos. Pero yo me digo que mi libertad está en ello y yo seguiré metiéndome en un charco o en un jardín, como quiera que se llame. Y este de hoy es verdaderamente enjundioso. Se trata de que a los crímenes productos de la violencia de género se les da demasiada publicidad. Vaya por delante la total condena a tales salvajadas, que reúnen en sí mismas los más aborrecibles calificativos posibles. Pero posiblemente el darles tanta publicidad, a veces machacona, en vez de favorecer a las o los sujetos posibles víctimas, lo que se consigue es todo lo contrario. Con un ejemplo se comprende mejor.

Cuando se producía un suicidio, en las ciudades con ferrocarril la gente lo hacía tirándose a la vía del tren, en otras donde existía un puente alto, se tiraban al vacío desde él, y en los pueblos se ahorcaban los hombres y las mujeres se tiraban al pozo. Pero lo curioso del caso es que cuando se producía un suicidio de tal guisa, a los pocos días acontecía otro y otro, a veces varios. Como si fuera una repetición automática, un efecto dominó. Que los estudiosos lo confirman y ellos sabrán interpretar.

Yo no digo que por un salvaje ataque de violencia de género se provoquen otros u otros, pero puede que algo pueda motivar, o incitar, o abrir los ojos. Creo que estos crímenes suelen ser, además de obra de criminales genuinos, producto de dos circunstancias. Una, aquella del macho que dice "la maté porque era mía", que no permite que su pareja le cambie por otro y en son de su atroz machismo prefiere matarla que verla en otros brazos. Y otro caso es consecuencia de algunas demencias seniles, alzheimer y compañía, cuando degeneran en violencia, cuando entre dos ancianos la vida se hace insoportable por una u otra banda y termina en tragedia sibilina o cruenta. Que a cada caso habría que tratarle con diferentes precauciones y no dejar indefensa a la posible víctima.

P/D A todos nos sacuden un terrible dolor y angustia cuando leemos u oímos una de estas tragedias. La solución, es mi opinión, no es publicitarla en exceso, que siempre al delincuente gusta oír pregonar su "hazaña" sino poner los remedios adecuados en cada caso. Y anda que anda, ya he pasado este charco.

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