El Carnaval de Cádiz sufre la mayor de las censuras posibles; la censura propia, la autocensura. Dicen los entendidos que el Carnaval nace para criticar al Poder, pero las agrupaciones de Cádiz no se atreven a criticar, ni siquiera un poquito, al alcalde Kichi y a sus concejales. Porque vamos a hablar claro. Aquí se las dan de valientes y de transgresores porque se meten con Trump o con el Papa, cuando todos sabemos que ni uno ni otro escuchan Carnaval. Y si lo hacen, no creo que les importe mucho.

Aquí nos la damos de críticos y feroces contra el poder porque nos reímos de Rajoy, de los pelos de Puigdemont o del ojo chungo de Junqueras. Pero todos sabemos que tenemos una Constitución que recoge una Libertad de Expresión que nos permite decir cualquier cosa. Así que menos cuento con esas letras que llaman 'agresivas' y 'comprometedoras'.

Pero basta con leer las letras de nuestros autores para comprobar que ninguna agrupación osa meterse con Kichi, con Romay, con Barcia, con Navarro o con mi amigo el Adri. Nadie.

Nadie se acuerda de las promesas de Kichi, ni de recordarle que no ha cumplido ni una. Nadie dedica una letra a decir que el único proyecto que tiene nuestro descorbatado alcalde es el carril bici.

No me extraña. Tal vez sea el miedo a perder el 'calor' municipal. Pero resulta llamativo que después de tres años con Kichi en la Alcaldía la única crítica al poder local sea.....a Teófila Martínez.

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