Recientemente una proclama de la Iglesia indica que las cenizas de los difuntos deben depositarse en los cementerios o en los templos, desechándose posturas nihilistas o naturalistas... En verdad algunos extremismos son reprochables, se comprende, pero ¿todos los casos? ¿ No vale la voluntad de sus familiares? Por supuesto que hablamos de cenizas, no de cuerpos, pues sería horroroso encontrar en cualquier sitio el cadáver de Pepe el vecino. También hay que recordar que desde el rey Carlos III, 1787, se prohibieron los enterramientos en las Iglesias.

Unos padres reciben la última voluntad de su hijo, que sus cenizas las echen al mar. ¿Qué deben hacer? El hijo fue siempre un enamorado del mar. Su pasión, navegar sobre las olas, volar con los vientos sobre las espumas. Decía que era el rey del mar, que no deseaba más que la libertad en la soledad de las mareas y de las aguas. Dejaba escrito que quería convivir con los peces, con las lapas, con los erizos, con las algas, vivir el sueño eterno, hasta que Dios le llamase, en el fondo del mar que tanto amó ¿Los padres le pueden condenar a que sus cenizas estén años y años encerradas en un nicho de hormigón, hasta que sean, por el olvido de generaciones, tiradas al osario común?

Yo he visto sepulturas antiguas, me acuerdo de una de ellas, la de Dª Beatriz de Villavicienso, fundadora de un convento allá en el siglo XVI y de ella no quedaban ni cenizas, sólo fragmentos microscópicos de lo que fueran vestidos suntuosos. Los insectos en siglos no dejaron ni rastro.

Yo no puedo creer que el entrañable, bueno y bondadoso Papa Francisco haya dictado esa orden. Más bien creo sea un gol del cardenal Gerhard Müller, quizás tridentino. No puedo creer que en la espera cristiana de la resurrección de los muertos, se les obligue a que sus cenizas estén prisioneras en la cárcel de un cementerio. El célebre jesuita M. Carreira dice que las partículas de nuestro cuerpo se transforman en energía. Y se entiende que de ella nuevamente surgirá el cuerpo. El mar, la montaña, el rio, el bosque también son de Dios.

P/D: Dicen que en todo caso, pedir permiso al Obispo. A don Rafael Zornoza !!!

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