Según comentan afiladas lenguas, tras el cochambroso tres a uno en el extraño campo del Rayo… Escribo "extraño," porque detrás de una de las porterías no hay graderío, sino una tapia que, por más que la decoren y enjalbeguen, siempre nos recordará las vallas que de chico nos servían de meta, simplemente pintando dos supuestos postes y un ilusorio travesaño o larguero, y así de esa manera nunca era gol, pues la pelota jamás podía atravesar el murete.

Bien, dejemos el insólito campo del Rayo y volvamos a la frase inicial. Según comentan afiladas lenguas, tras el cochambroso tres a uno en el extravagante campo del Rayo, unos cuantos trabajadores o jugadores del Glorioso, reprimieron sus sollozos y frustraciones deportivas tirándose de cabeza a la placentera noche madrileña.

Desconozco más detalles, pero no hay que ser muy sagaz para adivinar a qué artes se emplearon los ¿jugadores?,¿trabajadores? Esos empleados del Glorioso, o sea, que comen y beben de él, de nuestro yellow team, se dejaron envolver por la molicie de la "música nocturna de Madrid". ¿Quiénes fueren estos apenados chicos que tras participar activamente en un partido pobretón buscaron consuelo en Venus o Baco sabrán qué sutiles menesteres? Los que acudimos al Carranza estamos al corriente sobre quiénes eran: los que siendo absolutamente necesarios ante un Valencia alarmante no estuvieron ni en el banquillo. Bueno, lo de banquillo es casi una metáfora, porque los banquillos se han sustituido en todas partes por comodísimos sillones policromados.

Pero no voy a ser detective ni destapapecadillos de nadie, no, voy más allá.

¿Cree algún gadita de pro que prohibir a alguien trabajar en lo suyo es un castigo ejemplar? ¿En qué empresa seria medianamente cuando un empleado comete un grave error lo castigan con seguir cobrando sin trabajar? Señor X: sepa usted que lo castigaremos con suspensión de funciones, aunque no de sueldo.

Vaya gozada: el domingo me voy a Grazalema a ver llover o a pasear por el Pinsapar o a ver si los chopos de Benamahoma están dorándose de otoño… O a visitar a mi tía Juana. Digo yo que se dirían los boys del camisolín amarillo. Un domingo, al fin, sin tener que recibir castaña de los contrarios, un domingo de chaise longue y arrumacos familiares.

Los peloteros buenos hicieron falta ante un Valencia mejor que el de años anteriores y que se enteren de que si no fue por Superconan, que hizo dos paradas pasmosas, habríamos perdido sin remisión. Sin ellos el Glorioso es peor. Y ellos lo saben. ¿Por qué, pues, se recurre por parte del cada día más canijo almirante a esta absurda decisión de dejarlos en casa, en lugar de echarlos a al verde estupendo de Carranza? ¿Se van de rositas, entonces?, me preguntan los médicos del palco de Asisa minutos antes de empezar el partido. No, no, de ninguna manera, que jueguen y que les toquen el bolsillo con la pertinente multa por haber perdido el respeto al Glorioso. Ahí les duele. Unos miles de eurillos per cápita y todos en paz. Y, si acaso, que ese multazo vaya a una organización benéfica tipo Cáritas; pero sin que se entere Zornoza.

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