1.344,50 casos

El panorama se presenta complicado una vez más para los isleños; puede que volvamos a vernos confinados en nuestros domicilios mientras la vacuna se nos inocula a cuentagotas

Soy de San Fernando, Cádiz; vivo en la misma Isla de León donde la España de la Pepa doblegó las rodillas de Napoleón Bonaparte. Es una ciudad de casi cien mil habitantes con varios monumentos de relevancia histórica, el Teatro de las Cortes, el Observatorio de Marina, que da la hora a toda la nación, el Ayuntamiento, que es uno de los más grandes del país. También tiene reputados artistas, periodistas, escritores y personalidades que han llevado y llevan la sal, sus esteros y salinas por todo el orbe. Y además, la Isla de San Fernando (que es como debería de llamarse) tenía ayer una tasa de contagios de 1.344,50 casos.

Los comercios cañaíllas cierran, la hostelería adelgaza más aún, la gente sale cada vez menos a la calle, los niños se ausentan injustificadamente del colegio, los clubes deportivos suspenden sus entrenamientos, y los insensatos siguen usando mascarillas quirúrgicas durante semanas, apulgaradas y mohosas, y se las quitan para escupir al suelo, para fumar (normalmente en tu puta cara), se toman su merecida cervecita mientras espetan risotadas y luego protestan de que si los políticos.

Llevan parte de razón. Fernando Simón ha demostrado ser un monigote del poder sin credibilidad, cambiando de marcha y frenando sin ton ni son como un principiante de autoescuela; Salvador Illa ha huido del barco pandémico que se hunde para –teóricamente- triunfar en las elecciones catalanas que, por otro lado, imagino que no acabarán celebrándose, salvo que Pedro Sánchez valore más un sacrificio que otro: el de los españoles que fallecen cada día, dos más ayer sólo en la Isla de León, esa que jamás se rindió a los Dragones franceses.

San Fernando es un pueblo maravilloso, ni muy grande ni muy pequeño, pleno de gentes buenas y trabajadoras. La crisis las ha vapuleado sin piedad y cuando parecía que empezaban a sacar cabeza un virus asiático va a terminar de rematarlas. El panorama se presenta complicado una vez más para los isleños. Puede que volvamos a vernos confinados en nuestros domicilios mientras la vacuna se nos inocula a cuentagotas. El virus muta más rápido que el proceso de vacunación, tan parecido a esa cartilla de racionamiento del franquismo que llevaba inevitablemente al contrabando y al estraperlo.

Hoy no puedo demostrar confianza en nuestro futuro, tan sólo miedo y preocupación. 1.344,50 casos dijo ayer Arturo Rivera en Diario de Cádiz. Sólo en San Fernando, en mi pueblo, en la ciudad cuyas calles paseo y amo. Esa cifra son enfermos, muertos, son amigos que nos dejan, vecinos, abuelos. Son UCI´s a reventar, plantas hospitalarias expropiadas a sus ocupantes, y el retorno a la sensación de pánico, de vivir en una pesadilla, de estar dentro de una película apocalíptica que nos torturó de qué manera en marzo de 2020.

No sé qué hacer, la verdad. Este púlpito que tengo cada jueves es hoy más un confesionario que un altar. Pienso en esos 1.344,50 casos y pienso en mi familia. ¿Cuántos serán hoy?

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