Un viejo dicho español reza que "Si así son los perros, así es el cortijo", refrán de certeza absoluta e infalible porque la sabiduría popular española es más ilimitada que la mala educación de los que chillan en los plenos.

Véase un comparsista. Y no hace falta que lo compruebe el segundo domingo del Carnaval, cuando ya huelen como si el disfraz lo hubieran guardado en el punto limpio, y han gastado menos agua en la semana que Sufi-Cointer en baldear el callejón Osorio.

Véalos ahora. Con esa cara de lila con la que van al Falla. Porque estos, la mayoría, no son más que unos lilas de relleno. El concurso es para los consagrados de siempre a quienes no los quiere conocer ni el entrenador del Cádiz, ni el portero de la entrada de atrás del Falla, porque como les den confianza les piden que le cuelen a su madre que está impedida, a su cuñada Chochete y al niño chico de su pareja, que no lo puede dejar solo en casa.

No hacen más que el canelo. Se desgañitan y contorsionan como si tuvieran mucho sentimiento y el único sentimiento que tienen es a ver si pasamos de las preliminares para coger nombre y que por lo menos, cuando vayamos a cantar a Palmones, nos sobre algo.

Menos mal que tras el periodo purificador de la Santa Cuaresma llega la primavera, florecen los capullos y huele a eso, a capullo florecido.

Por cierto. Son 152 agrupaciones, multiplicadas por una media de 13 componentes: unos 2.000 lilas.

Ya es primavera en el Falla.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios