Según ha señalado hace unos días en estas páginas Jesús Collantes, este verano se ha cumplido 50 años desde que accedimos profesionalmente por vez primera al Cortijo Los Rosales. Antes me había acercado a modo personal para presenciar las atracciones que nos brindaba al público en general. Lo más granado de la música popular de aquella época. Profesionalmente me acerqué a este añorado rincón del Parque Genovés en junio de 1967, coincidiendo con la actuación de Los Bravos, uno de los grupos de rock punteros del momento. Al final de su actuación les entrevisté, y a partir de entonces me ocupé de comentar su actuación, además de hablar con sus protagonistas, ya fueran Los Brincos, Los Canarios, Juan & Junior, Juan Manuel Serrat, Raphael, Miguel Ríos, Módulos, Los Ángeles, Rocío Jurado, Karina, Antonio Machín, Bruno Lomas y un sinfín de grupos y solistas. Ya digo, lo más granado de cada momento.

El artífice de este 'milagro' no fue otro que don Antonio Martín de Mora. Un gran hombre. Un tipo del que uno se siente orgulloso de haber sido su amigo. Y es que una de las cualidades que destacaba en don Antonio era la de ser amigo de sus amigos. "Tú cuenta lo que veas, y si tienes que criticar una actuación, hazlo con toda libertad", solía indicarme, para añadir: "Conmigo no vas a tener problemas". Y no los tuve.

Martín de Mora era, más que empresario, que lo fue, y grande, una persona afable. Nunca le vi contrariado. Sí preocupado porque cada tarde/noche el Cortijo Los Rosales se abarrotaba y no cabía ni un alfiler cuando en la entrada había una fila larguísima que pretendía acceder al recinto. Pero es que, además, los precios que ponía en taquilla eran populares, "para que todo los aficionados puedan entrar al Parque Genovés", solía comentar.

Martín de Mora dio ejemplo de lo que era ser un emprendedor: luchaba a brazo partido para contratar a los mejores grupos y solitas del momento. Con determinados artistas, yo diría que (casi) con todos, no hacía falta firmar contrato alguno. Bastaba con la palabra de uno y otro. La confianza era mutua, con el agravante de que don Antonio les pagaba la cantidad previamente pactada antes de su actuación. Y a algunos hasta les regalaba una pata de jamón: solía colarse en el camarín del artista de turno, y con el serrano al hombro, exclamaba a toda voz: "Aquí traigo el violín"… (Esta anécdota se la vi protagonizar cuando actuaban Joan Manuel Serrat, Miguel Ríos o el Dúo Dinámico en el Cortijo Los Rosales).

Y es que otra cualidad que resaltaba en don Antonio era que tenía tal vozarrón que se enteraba hasta un sordo. Su personalidad, su don de gente y su humanidad las tengo bien presentes cada vez que le recuerdo. La figura de don Antonio Martín de Mora es actualidad porque se le va a brindar un homenaje-póstumo en el Parque Genovés, donde se descubrirá un monolito. Allí estaremos.

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