Análisis

José pettenghi

La buena capa que todo tapa

"Con 62 diputados de 350 (24%) no puedes gobernar, y menos apoyado en populistas y separatistas. Au revoir Pedro Sánchez".

Quien decía eso, gobierna hoy en Andalucía con 26 diputados de 109 (23,8%) y apoyado en la ultraderecha. Lo malo no es decir tonterías sino que haya alguien que se las crea.

¿Y ahora qué? Pues que Dios envía moscas a las heridas que debería cerrar, así que hasta el 28 de abril el Frente Patriótico, que anda cortito de razones, se va a agarrar a la bandera, su única y última razón.

Una bandera que nunca vi parando un desahucio, porque eso es cosa de perroflautas, una bandera ausente en la defensa de la enseñanza pública, que eso es cosa de rojos, ni la vi en las protestas por el abuso de los bancos, porque es de bolivarianos. Tampoco vi una sola bandera nacional en manifestaciones contra la corrupción, porque, total, todos los políticos son iguales, ni en una de pensionistas por su dignidad, porque son unos privilegiados que tienen casa y todo, ni la vi pidiendo igualdad, porque eso es de feminazis. Contra el paro tampoco vi la bandera nacional, porque, en el fondo, quien no trabaja es que no le da la gana, ni para pedir más democracia, pues no se debe confundir libertad con libertinaje…

Pero es curioso, la bandera sí que ondeaba en Madrid hace unos días para que no se rompiera España. ¿Qué España? ¿La España de la financiación ilegal? ¿La de los defraudadores? ¿La de los que tienen la pasta en Suiza o Panamá? ¿La de los que destrozan discos duros a martillazos? ¿La de las puertas giratorias hacia las empresas energéticas? ¿La de la Púnica o la Gürtel? ¿La de las tarjetas black? ¿La de los que permitieron que los bancos no devolvieran ni un euro de dinero público? ¿Esa España? ¿Esa bandera?

De modo que si la fábrica donde trabajas la deslocalizan a Polonia, si tu casa se la merienda un fondo buitre o el cole de tu hijo no tiene ni para papel higiénico, ve a mirar la bandera que cuelga en tu balcón y que, como buena capa, todo lo tapa. Y recuerda que no es la política la que convierte a un político en un canalla: es tu voto el que convierte a un canalla en un político.

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