Balas de plata

Del balón enamorado

Es un equipo plagado de veteranía y recuerdos, aunque adolece de un defecto difícilmente subsanable: demasiados colchoneros y pocos Imperiosos

Ayer se presentó en la Casa Pemán, al pie de la gaditana plaza de San Antonio, un libro de relatos sobre fútbol titulado Del balón enamorado, volumen editado por la generosa Fundación Cajasol, coordinado por el siempre cáustico periodista Fernando Santiago, prologado por el incisivo novelista Benjamín Prado, y de cuyas ventas resulta beneficiaria la Fundación Centro Tierra de Todos, de Cádiz. Un libro (Fernando) redondo, vamos.

El título es encantador y recuerda al poema de Francisco de Quevedo ("polvo serán, más polvo enamorado"), quien a buen seguro debe ser antepasado del Mami Quevedo. Entre los participantes, más que un once titular, FS ha montado una plantilla cortita aunque completa, como de 2ªB, con diecinueve jugadores y un portero, que no es sino Julio Malo de Molina, siempre atento a un córner. Melchor Mateo, Helen Santiago y Déborah Fernández Morillo oficiaron como maestros de ceremonias con arte y temple, como corresponde a peligrosos mediapuntas sedientos de sangre.

Es un equipo plagado de veteranía y recuerdos, aunque adolece de un defecto difícilmente subsanable: demasiados colchoneros y pocos Imperiosos destilan una mezcla complicada para la obtención de títulos, aunque aquí el premio no es otro que la ayuda desinteresada a una fundación necesaria y necesitada. La alineación resulta abrumadora, por impresionante, hasta el punto de que hay un Camacho y sin embargo no porta el brazalete de capitán. Ayer resultaron convocados De la Cruz, Ingelmo, Mata, Funcia, Morillo, Cossi, Jiménez Laz, Montiel, Calvo, Mestre, Cabaleiro, Mendoza y Marín. Todos ellos han escrito de fútbol pero sólo Carmen Morillo lo hizo de Mágico, lo que en Cádiz es algo así como un punto intermedio entre el goce y la obligación.

Castigado por vikingo, el Cholo Santiago me dejó fuera de la convocatoria, aunque sé que sabe que si la cosa se complica, puede sacarme en el minuto 93 del partido de vuelta para rematar un saque de esquina que lleve el encuentro a la prórroga. El privilegio de pertenecer a esta plantilla y vender libros como si fuéramos youtubers ya vale la pena de banquillo. Por ello y por compartir páginas por primera vez con mi padre, al que no he leído aún su relato pero que bien puede haber escrito sobre ese servicio militar que hizo mi abuelo, el practicante Pedro Montiel, en el servicio médico del Atlético Aviación, allá por los años treinta.

Se presentó ayer un buen libro, atractivo y baratito, perfecto para llevar de visita a muchos templos, al mismo tiempo que se conocía la filtración ilícita de un vídeo íntimo y la posterior suspensión de empleo del entrenador del Málaga, Víctor Sánchez del Amo. El grave hecho, delictivo per se, tendrá su pronta repercusión judicial pero el carnaval está aquí ya y los ácidos letristas del febrerito loco afilan sus plumas con rigor de amolador. Sea como fuere, Víctor tuvo suerte. No nos ha dado tiempo a narrar su epopeya en Del balón enamorado. Habrá que salir a por todas en la segunda parte. Partido a partido, como diría Manzorro.

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