Dice la diputada de Junts per Catalunya, Miriam Nogueras, que la detención de Carles Puigdemont en Cerdeña fue "un putiferio" y yo me pregunto si tiene razón o no. ¿Habrá la policía italiana sometido sexualmente a Carles? ¿Habrá "cobrado"? ¿Quién es el infiel aquí? Tendríamos que analizar el contexto, claro, para saber quién ha vendido su cuerpo y por cuánto, aunque, en realidad, qué más da. ¿Buscabas 5 minutos de gloria, Miriam? Tuyos son.

Pese a haberme vacunado, para algunas cosas sí que me considero un pelín conspiracionista -que no negacionista-, quizás por ese ramalazo literario que ustedes ya me conocen. ¿Podría ser que por no descacharrar los presupuestos generales del Estado el Gobierno de Sánchez y los separatistas catalanes pactaran la detención del ex president de la Generalitat para poder así alegar éste posteriormente algún tipo de nulidad de actuaciones que a la postre lo acabara dejando en libertad? Dios me libre de ser tan malpensado, ni que yo fuera abogado. No me lo tengan en cuenta.

(Nota al margen: escribo el artículo antes de visitar a mi odiada dentista de cabecera mientras me tomo un café expreso y un helado de pistacho dulce en una magnífica gelateria de la Calle Ancha de Cádiz, cuando cruza frente a mí, se para y me saluda, el gran Pepe Monforte, un tío "pa comérselo", y desde luego con muchísimo más arte que Puigdemont y Nogueras. Desde aquí le mando un afectuoso saludo).

Continúo. La portavoza (acuñemos ese término cuando la que habla dice estupideces) añadió que España vive bajo un "golpe de Estado togado" y uno que lleva ya veinte años bajo el yugo y el martillo de la toga (propia y ajena) se pregunta a qué narices se refiere esta señora. ¿Tanto duele aún la imputación del clan Pujol? ¿Lo del 3%? ¿La marcha de Messi al PSG? Lo cierto es que de tanto repetir sus mentiras, algunos acaban por creérselas, como es el caso de doña Miriam, a la que por defender su salario le tocará decir estas pamplinas en los estrados del Congreso. Como un buen abogado togado, a veces nos toca defender causas injustas. Pero con dignidad, oiga, no haciendo el ridículo.

Por último, Nogueras se pasó al bando conspiranoico -qué grande Pedro Sánchez citando a Kyrie Irving- al denunciar la existencia de elementos "fascistas" incrustados en el aparato estatal. Esto sí que me ha resultado realmente preocupante, la verdad. Tan sólo pensar en algo incrustado en un aparato me vienen a la mente las leyendas de toda la vida, normalmente soeces, relacionadas con pepinos gigantes y tractos gastrointestinales y/o anales. Hablar en pleno siglo XXI de fascistas incrustados en aparatos estatales es algo demodè, como de revolucionario guillotinador o de vendedor de sortijas a domicilio, y me hace preguntarme a quién se referirá.

Pues, ¿sabe qué le digo, Miriam? Que a quien habría que incrustarle un fascista en el aparato sería a los que quieren obligarnos a trabajar hasta los 75 años. Que la vida es un putiferio, sobre todo si se trabaja de portavoz en el Congreso. O de portavoza.

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