Análisis

Tito Valencia

Cuando lo anormal se hace normal

Sueldos bajos, trabajos precarios que no llegan para mantenerse... Es la recuperación

Lo peor que le puede pasar a una sociedad es situarse en la indiferencia. Nos estamos acostumbrando a que lo anormal se vea como normal. Incluso que la pobreza extrema se vea como algo antiestético. Sucede con los sintecho. Algunas veces, demasiadas, escuchamos lo antiestético que resulta que hayan personas tiradas en las calles o en cajeros. No reparamos en el drama que llevan detrás esas personas. Sí, personas. Estamos construyendo una sociedad con una brecha social abismal y aceptando que esta situación se quede con nosotros. Unos tienen suerte y otros no. Tiene que haber de todo. Estas afirmaciones desafortunadas son muy habituales. Y es lo que hace la costumbre de crear una sociedad donde no caben todos. Pobres, menos pobres, ricos y mas ricos. Es la diferencia. Ya es crónico. Esto se ha instalado entre nosotros para quedarse.

Mientras el Gobierno saca pecho, España crece por encima de la media europea. Estamos al nivel de antes de la crisis. Los sueldos siguen bajando o mantenidos en los recortes. Los empresarios dicen que no ganan dinero. Los bancos aumentan sus ganancias mientras cierran oficinas y prejubilan empleados. Entonces, ¿dónde está el dinero? ¿Quiénes son los que viven este crecimiento? Los datos apuntan a que la brecha social en España crece con 58.000 nuevos ricos y 1,4 millones de pobres en los últimos cuatro años. El patrimonio del 0,4% de la población supera en valor el 50% del PIB mientras las rentas bajas se desploman y 5,4 millones de personas ingresan menos de seis mil euros año. Trece millones de españoles están en riesgo de pobreza. Tres de cada diez andaluces son pobres.

Mientras el Carnaval llenan las calles de fiestas, detrás se esconde la cara oculta de una sociedad distinta y cada vez mas distante. Son gente normal, cuyo pecado es encontrarse en un perfil real que dice que el 30% tiene trabajo y un 15% tienen estudios superiores. Sueldos bajos, trabajo precario que realiza más horas de las que se pagan, trabajos que no dan para mantenerse un mes. Ésta es la España de la recuperación económica. Mientras detrás de esto los partidos de la oposición y sindicatos tampoco son capaces de encontrar una alternativa.

Nuestra ciudad no es ajena a todo esto. Alrededor de treinta personas duermen en la calle aguantando el inmenso frío de estos días. Atendidos por voluntarios que en una labor encomiable tratan de asistir como pueden a estas personas que la vida y la crisis les ha tratado malamente. En estos tiempos todavía la sociedad, y los gobiernos, permiten que personas puedan morir de frío en los bajos de puentes. Todo dentro de la normalidad, de la sociedad que se esta construyendo. Hay que reconocer la labor que en nuestra ciudad ha realizado la Policía Local ofreciendo los recursos que la ciudad tienen para estos casos. Desde la Delegación de Políticas Sociales, se ha ampliado las plazas del único albergue existente en la ciudad para ayudar en lo posible a estas personas que tienen a cuestas su particular Cuaresma o su Pasión. ¿Quizás la verdadera? Juzguen ustedes.

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