Análisis

Antonio morillo crespo

Me están aburriendo...

Y mira que me gusta el fútbol, que veo hasta el Baracaldo con el Guadalajara. Pero esto es ya inaguantable. Resulta que los futbolistas son de merengue, están hechos de mantequilla, son de algodón. Raro es el que nada más que rozarle el contrario, se tira al suelo diciendo con toda el alma "¡ay, ay, ay, ay…!" Es el colmo. Un ligero empujón, un roce en el pie o en la rodilla, y ya está el colega tendido en el suelo, revolcándose de dolor y esperando a que el árbitro venga y le consuele. Y si es dentro del área, no te digo: le han destrozado el esqueleto entero, hasta dando palmadas en el césped desesperado el pobrecito, porque no puede más de dolor y de angustia, con la entrada que le han hecho.

Los jugadores tienen una espinillera, de siempre, protegiendo su tibia, que es una parte muy sensible y por ende dolorosa ante cualquier golpe. Pero ahora no es tanto la parte delantera de la dicha pierna sino la trasera, y por ende deberían llevar otra espinillera sobre el talón. Pero de nada valdría. En un partido cualquiera, cuéntenlo ustedes, al menos hay veinte o treinta situaciones parecidas. Y el árbitro creo que es el principal culpable. Rara vez se hace el tonto. Antes bien, acude solícito a indagar por dónde le han disparado y por dónde se está muriendo el mantequita. Es verdad que hay excepciones, pero pocas, desgraciadamente.

Antes se diría que son ¡mariquitas! Ni por asomo lo digo, porque en primer lugar soy amigo de algunos homosexuales y les tengo un enorme respeto. Jamás les diría a estos futbolistas de pacotilla mariquitas, porque no se merecen este calificativo. Sí se merecen que les diga que no son viriles, en el buen sentido de la palabra, porque son de porcelana cuando menos y en verdad son tibios, acojonados y merengues. Y ¡ojo! tampoco les puedo llamar afeminados, porque las mujeres están dando cumplido testimonio de lo que es un jugador con decencia y compromiso. Y esto lo comprobé y lo vi hace unos días en el partido de futbolistas mujeres entre Madrid y Barcelona. ¡Ni una se caía! Aguantaban el empujón, el choque, la zancadilla… ¡un verdadero ejemplo y testimonio! Algo admirable, quedé asombrado.

¿Y lo de las bofetadas? ¡Qué vergüenza!. Basta que le roce con la palma, el chuleta se tira al suelo como si le hubieran destrozado la jeta. Se merecía que entonces sí le dieran cuatro bofetadas de verdad en los cachetes por falso y mentiroso. Punto aparte es lo del fuera de juego. Deberían cambiarlo. Yo sólo lo pondría haciendo una raya y continuando el área del portero. Porque basta que el jugador le sobresalga medio brazo, para que el árbitro o su juez decrete fuera de juego. Es demasié.

P/D En suma, todo lo arreglaría yo siendo árbitro. Al primero que se tire al suelo, le saco tarjeta o, simplemente, le hago salir del campo a que le traten los cuidadores y cinco minutos más o menos fuera de juego, Verán como este cuento se ha acabado. Y al que se queje de una bofetada… al hospital, so merengue.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios