Análisis

Belén domínguez

Los abandonados

Hace treinta años que apareció por primera vez un cadáver en nuestras costas fruto del naufragio de una patera. Desde entonces, unas 6.700 personas han perdido la vida en el Estrecho. Duele incluso el hecho de no poder afinar el dato, pero son muertes anónimas que por no tener, a veces no tienen ni cadáver. Otras sí, dejan rastro como la de estos últimos días, frente a Caños de Meca. Un chorreo de cadáveres, como si se tratara de una efeméride de aquella primera de 1988. Los números que arroja son escalofriantes y van deshojando los niveles de crueldad: 1500 euros la cifra que pagaron por una embarcación precaria, 150 los metros que distaban de la costa cuando chocó contra una roca y se produjo la tragedia, 25 las horas que pasaron en el mar… Pero curiosamente, al mismo tiempo que estos naufragios despiertan la solidaridad de parte de la población, producen también un sentimiento de rechazo del que brota la necesidad de protegerse, no de los muertos, claro, sino de los posibles vivos que podrían instalarse y amenazar nuestro estatus de privilegio. Así, mientras crece un movimiento de indignación, crece también otro que se radicaliza gracias al miedo y que está ganando tantos seguidores que ya tiene presencia en los parlamentos europeos. Sería más lógico culpar a las mafias que se aprovechan de esta necesidad de huida, o exigir mejoras en las condiciones de vida de los países de origen, sin embargo, como matamos al mensajero, culpamos al desgraciado que consigue sobrevivir y se atreve a pedir un hueco en el paraíso. Yo me descubro ante aquellos que adoptan la postura más incómoda poniéndose a disposición de los que no tienen voz. La semana pasada vi también esa entrega en las Jornadas que tuvieron lugar en Cádiz buscando apoyo y soluciones al problema del Sahara Occidental, otros abandonados. Hoy mismo estos hombres y mujeres humanitarios celebran en la Peña El Chumi una comida solidaria para recaudar fondos, para mostrar apoyo, para intentar que no se olvide a este pueblo que fue español. Lo tienen difícil, hasta nuestras costas no asoma su tragedia, eso les priva incluso de encontrar un hueco en nuestros medios de comunicación.

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