Volver a recordar

Yo hice la mili. Y no me gustó. Nada de nada. No puedo decir que me sentí orgulloso

Yo hice la mili. Y no me gustó. Nada de nada. No puedo decir que me sentí orgulloso de hacerla. Para mí fue una perdida de tiempo total. Ví interrumpida mi vida. Fue como un paréntesis, ni estudios, ni trabajo. Yo me preguntaba todos los días, ¿qué puñetas hago yo aquí? No me gustó. Nunca me gustó. No me sirvió para nada. Tres meses en el cuartel haciendo unos ejercicios absurdos, cuyo único fin era que nuestros familiares nos vieran realizar el espectáculo de la jura de la bandera. Para mí fue una pérdida de mi libertad, una humillación a mis principios y a mi personalidad. Estaba en un sitio obligado y encima recibíamos un trato que a veces te quitaba la dignidad como persona. Una vez que entrabas allí, uno ya no era persona, o al menos eso nos decían. Nos convertíamos en una persona dirigida por un mando a distancia.

Que conste que no tengo nada en contra de la familia castrense. Pero la mili era otra cosa. Tengo que confesar que yo la hice en un sitio privilegiado, pero pasaban cosas que no me gustaban, eso no era servir a la Patria. Me vienen ahora estos recuerdos, porque nuestra ciudad ha puesto en escena la plataforma turística Yo hice la mili en San Fernando con el reclamo de Disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces. Ha sido presentado en la feria de FITUR y, según el gobierno, ha sido todo un éxito. Es un reclamo para todo aquel que hizo la mili en nuestra ciudad y quiera volver a recordar su periodo militar. Es una buena iniciativa.

Es verdad que cuando salimos fuera siempre nos podemos encontrar a alguien que conoce nuestra ciudad debido a que hizo la mili en la misma. Fueron muchos. Y muchos fueron los que salieron por primera vez de su casa debido a la mili. Y esta iniciativa turística es la oportunidad para volver a recordar un tiempo lejano que se fue y que para muchos significó un escape para la vida que llevaba en su tierra. Hay para todo. Y yo creo que la ciudad echa de menos a los marineros más que estos a la ciudad.

Aquella imagen lejana de una serpiente marinera recorriendo desde la estación por la calle San Rafael hasta la Alameda es un recuerdo imborrable para la ciudad. La calle Real se llenaba de militares de tropa para sus paseos vespertinos. La Isla era a los marineros lo que los marineros a La Isla. Todo era un paisaje único. Un paisaje que cuando dejó de existir cambió la historia de la ciudad y también su economía. La Isla se empobreció. Lamentablemente todavía no tenemos un monumento que recuerde al marinero con su petate. Aquí somos así de agradecidos.

Ahora clamamos por su presencia, por sus recuerdos a una ciudad que ya no es la misma. Una ciudad diferente. Ya no queda casi nada de su Cuartel de Instrucción. Casi nada de lo bares donde solían comer. Ni los cines. Ni la calle Real es la misma. Es verdad que las ciudades se modernizan, pero también es verdad que cuidan de su historia. No es el caso. De todas formas, creo que es una buena iniciativa. La Isla es una ciudad para recordar, que merece la pena volverla a vivir. Merece la pena volver.

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