Puente de Ureña

Varas de medir

Lo peor que le puede pasar al arte, a cualquier parcela, es su democratización

La Isla que se cree especial, como los quince mil millones de villas, villorrios, villarejos y pueblos, tiene la misma vara de medir. La envidia. Al dios del flamenco, en vida, la hoguera de la murmuración lo quemaba, constante.

El flamenco era algo de fragua, patio, venta y colmao. Lo peor que le puede pasar, ocurrir, acontecer al arte, a cualquiera parcela artística, es la democratización de la misma. Se llenará de tópicos, de pelmazos, y de ólogos. To er mundo entiende. La isla, con casi toda la cultura a la altura de la pértiga, como dice mi amigo Pepe Chamorro, lleva la vara de medir a la misma distancia del trombón de la vara. De los ólogos hay que huir como de los tópicos.

Estamos cansados de los soníos negros, del cante gitano-andaluz, de las sombras y musgos y venas quebradas, ¿varices en la garganta?, del ánge, la musa, er duende. El quejío viejo, la seguiriya de doló, las murallas del cante, un grande de esto…

Blas Infante, en sus orígenes del flamenco, dice que la palabra proviene de felah mengu, campesino huido o expulsado. También del neerlandés flaming, también la acepción de levantisco y rebelde, por las guerras de Flandes, lo que los llevaría al cante de burdeles y germanías. Me encanta el origen de la palabra gitano, según el docto hebraísta Antonio García Blanco. Lo vincula con Abraham cuando va a enterrar el cuerpo yacente de Sara. "Mas Jephrón estaba sentado entre los hijos de Geth, y respondió a Abraham, Jephrón, el Gitteo o Gitano".

También siento placenteramente que la saeta fuera cante inventado por judíos conversos, para disipar en la población los recelos que despertaban. Saetas que nos acompañaron en los pregones de pasión a Pepe Chamorro y a mí con Salvador Lucas o Mª del Carmen Roa, en el Círculo de Artes y oficios bajo la presidencia de Juan José Cuenca.

Por ello el flamenco no es ni tanto ni tan calvo. Palo de flamenco plañidero y sombrío llama la Rae e la seguiriya. Más tópico de la mala sombra. Donde nace el olé, de ualah, por dios, en árabe.

En esos sitios, hoy le toca al flamenco, quiero evocar al Nya, de los Pocarropa, allá en el 15 con la media limeta estimulante. Juan Carlos Rodríguez y Domingo, policías locales, que tocan la guitarra templadamente y, por ende, al Lucas guitarrista que acompañaba al Trini, o a Manuel Lucas, otro cante vital.

Pero la vara de medir tira hacia abajo. Si te ven con alguno te dice que pierdes categoría,¿? Tal vez porque él no la tenga. En la Tertulia de las Montañas, tenemos nuevo chef, Antonio Núñez Rodríguez, que junto con el Presidente Acosta Martínez comentan estos temas.

El viejo cante jondo lleva el silencio implícito. O el grito previo del horror cuando imaginas la tragedia. ¿La depresión, otro estilo del cante? Porque la mierda de la muerte pesa en las letras. El alma clama a sus maneras. Presencias lejanas de llantos. Un oleaje viejo cuando algo desafina en la mar o las aguas.

Las cuerdas atan los colores ciegos del sonido. Y el vivo eco de la muerte.

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