Las obras de nuestra ribera y su futuro paseo han dejado a la luz nuestras propias miserias. Y es que a veces olvidamos que hay cosas que hacemos nuestras, olvidando que sin serlo, son un negocio ruinoso que nos empeñamos en que sus propietarios mantengan para nuestro regocijo, y eso mismo pasó al Vapor, nuestro Vaporcito, porque yo también lo hago mío, eso sí, como todos, llorando por su pérdida, pero habiéndome llevado años sin montarme en él, cuando pudiendo hacerlo buscaba la comodidad, la rapidez, lo moderno.

Supongo que para quienes debían mantenerlo en su momento, viviendo de subvenciones, arañando cuentas, soportando impuestos, seguros sociales y mantenimientos, fue todo un alivio poder por fin descansar, como lo hizo la noble nao que surcaba la Bahía.

Olvidamos que no siempre estuvo, olvidamos que era un medio de transporte en tiempos que muchos quieren borrar, como si no hubieran existido; olvidamos que no era un reclamo turístico, sino un negocio, en tiempos, próspero y útil.

Pasan los años, pasan los tiempos, y hoy, cuando nos multan por tener coches del siglo XXI y carreteras óptimas para una carreta de bueyes, lamentamos que aquel romántico medio de transporte se pudra con sus cuadernas desnudas al sol.

Imagino que para una sociedad que se lanza al cuello de quienes gastan en luces, publicidad o cualquier cosa; para aquellos que arengan a las masas pidiendo que el dinero destinado a A se destine a B, que se aprobara una partida que se podría destinar a otra cosa, sería un motivo más de debate, inconstructivo y político. Pero la realidad es solo una, ese Vapor que hicimos nuestro, ese que se convirtió en símbolo de nuestra forma de ser, merece algo más.

Ahora que lo vemos a cara descubierta, que será de él, cuál debe ser la postura, borrarlo de nuestra memoria y enterrar la tristeza de lo que pudo ser y no fue, mantenerlo en el recuerdo olvidado de nuestro pasado, adecentarlo y convertirlo en un símbolo, o convertirlo en un nuevo negocio. El tiempo pasa, y a estas alturas, qué será de él, y de nosotros que solo nos acordamos de lo que tenemos cuando lo perdemos… aunque a veces no sea para siempre.

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