Muere Jesús Quintero Cuando una chirigota del Carnaval de Cádiz se disfrazó del Loco de la Colina

Sólo en la cadena especialista en telerrealidad podía entrar como un guante la vacunación en directo de una de sus estrellas, en este caso la matriarca eterna Ana Rosa Quintana. Un referente para cientos de miles de espectadores dando ejemplo en favor de las dosis de AstraZeneca, coleando aún con fuerza los remotísimos efectos secundarios fatales.

En Telecinco cualquier escena sacada de un objetivo espontáneo se aparece al espectador como una muestra de la vida, por muy escenificada que parezca, como sucede con las secuencias de Sálvame, en los debates de los realities y por supuesto en la convivencia de esos realities. Ana Rosa ha querido mostrar su propia vida, su experiencia en primera persona, lección de primero de Periodismo, y de paso se aleja de tantos detractores que la colocan en lo más rancio y reaccionario de la opinión pública: rasgo que revela que sigue haciéndolo bien en su parcela, siendo la más vista desde que puso el pie en las mañanas hace ya más de 16 años, un logro sin parangón en la historia televisiva española. Tendrá sus defectos y sus detalles oscuros, pero puede permitirse su posición y hablar alto cuando lo cree conveniente. Ana Rosa está en la diana de los provocadores en las redes y puede incluso reírse, por trayectoria profesional, cuando la tildan de facha.

El director de orquesta Gustavo Dudamel ha resumido nuestro presente de broncas y enfrentamientos con esta frase en El País: "los radicalismos nunca funcionan". Lo radical, por revolucionario, no llega lejos. La evolución, sí. El desarrollo social, la prosperidad, se produce en parámetros más moderados, más sensatos.

Ana Rosa representa el hábito, la naturalidad, el día a día. Una briega cotidiana, la de todos nosotros, que en estas condiciones adversas necesita más sensatez y más buena voluntad que malas palabras y quimeras de dudosas intenciones finales. Nos merecemos, entre tantos sacrificios y dudas, un poco de serenidad. De ejemplaridad. Y una vacuna de normalidad.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios