Análisis

Juan CArlos Rodríguez

El "Tuto" no fue un sueño

El Instituto así fue; un imposible, un increíble oasis en el invierno de la dictadura

Aay días que ya sabes que van a ser inolvidables mucho antes de que lleguen. Ayer fue uno de ellos. Un día largo y gozoso porque en él evocamos, repasamos, revivimos lo mejores años de nuestras vidas. Fue largo, porque por él desfilaron tantos y tantos recuerdos que parecía imposible que diera para tanto un solo día. Fue gozoso, porque nos hizo recordar ese tiempo mágico en el que fuimos inmensamente felices. Y ya sabemos que si hay algo mejor que la felicidad es revivirla. Celebramos el 50 aniversario del I.E.S. Poeta García Gutiérrez. Pero entre la rendija de la efeméride y la conmemoración institucional, entre la cifra redonda del medio siglo, lo que nos iluminó fue el recuerdo de esos años vividos, de los amigos ganados, de las habilidades descubiertas, de las lecciones aprendidas, de las risas sin contención, de la libertad experimentada y hasta de los amores perdidos. Cuatro años, en mi caso, entre el BUP y el COU -seis, siete en algunos otros, según los planes de estudios y las cambiantes leyes educativas- en el que vivimos, aprendimos, descubrimos, reímos, crecimos en edad y responsabilidades, siempre en aquel edificio de ladrillo rojo y tirolesa gris a la sombra de la ermita de Santa Ana.

Un día, ya digo, en el que el tiempo se estiró y fue infinito. El acto institucional y el homenaje entrañable, la exposición de fotos atávicas y sepias, la plantación del ginko biloba en el jardín, el regreso a las aulas de la visita matutina al Instituto. El comida, el reencuentro, las anécdotas de sobremesa ya en las Bodegas Vélez. Las copas, los bailes, la rediviva fiesta de COU que llegó con la noche. Y lo mejor es que, aún con todo esto a cuesta, queda una revista que encierra este revival que a José Luis Sánchez Soca, el director, y a Javi García Teba se les ocurrió bautizar como "No fue un sueño".

Porque, el Instituto así fue; un imposible, un increíble oasis en el invierno de la dictadura y en el amanecer de los Ochenta, con su movida incluso y hasta su bar Madrid. Todo eso se cuenta en esta revista, que es un gozo sin sombras porque -aunque las hubo- solo se recuerda la música, el ruido quizá no sea tan necesario. Una revista -háganse con una, espero que la disfruten como la hemos gozado creándola- en la que escriben casi cincuenta profesores y alumnos de este medio siglo de Instituto, del Tuto y del Poeta, tres maneras de nombrarlo que no significan lo mismo.

En tres partes se dividen igualmente las cien páginas de esta revista conmemorativa. "No fue un sueño", también se denomina la primera de ellas, más institucional y reflexiva. "El Instituto hoy", la segunda, más académica, ejemplar, sin duda, de lo que el centro significa en la actualidad. Y "Haciendo memoria", la tercera, en la que unos cuantos alumnos -anteponer el prefijo ex nunca fue preciso, porque nos seguimos sintiendo parte del Tuto- agitamos vivencias y enarbolamos recuerdos.

La memoria, ya se sabe, es extraordinariamente selectiva. Es un concepto que se vincula a la neuropsicología, que afirma que se recuerda lo que "tiene mayor significado para nosotros". Retomar la vivencia de la travesía que supuso para nosotros -los alumnos- el paso por el Poeta a lo largo de cinco décadas ratifica, sin duda, este precepto científico. Aparentemente. Porque la evocación, la nostalgia, el recuerdo que desfilan por estas páginas superan aquello que podríamos calificar como "lo memorable", lo que marcó nuestras vidas de estudiantes de Secundaria, de Bachillerato, de COU, entre las aulas del Tuto, del Instituto, del Poeta. Desde la promoción fundadora, la del 1968-69 hasta las últimas, desfilan por aquí poetas, cantantes, empresarios, parlamentarias, alcaldes, abogados, novelistas, periodistas, funcionarios, estudiantes aún universitarias y hasta vicepresidentes, que recuerdan más allá de lo memorable, porque hablan, escriben, desde el sentimiento y desde la nostalgia, desde el inmenso cariño y desde el aprecio. Es lo que recuerda el corazón.

Leerlos es, sin la menor duda, regresar de nuevo a aquellas clases. Volver a entrar "por la puerta de delante", correr por el pasillo, escuchar a aquellos profesores que nos parecían sabios -y lo eran- porque nos enseñaron el mundo. Sentarnos de nuevo en la Biblioteca, tirar a canasta en el patio, el bocadillo de tortilla, la caseta de COU sin la que la Feria es ya menos Feria. Fue un Instituto donde encontramos la libertad y el espíritu crítico. Y donde decidimos qué queríamos hacer con nuestras vidas. Hasta hacernos independientes y adultos. Verán reaparecer múltiples anécdotas y pequeñas lecciones inolvidables. Y sobre todo dispónganse al reencuentro, a la memoria colectiva, a resucitar aquel Tuto en donde aprendimos el valor de la convivencia y de que la vida, sin duda, podía ser maravillosa. Es como dice Javier Marías: "Ya se sabe que la memoria es sólo a medias gobernable, y cualquier detalle convoca recuerdos desterrados hacía décadas". Lean, recuerden y sientan. Disfruten como hemos disfrutado escribiéndolas.

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