Torre Alta

Cuatro Torres ve la luz

Es para celebrarlo, un pasito más; ahora le toca el turno al Puente Ureña

La conservación del patrimonio histórico debería ser una constante en las ciudades, es una herencia que se debe trasladar de generación en generación. Toda conservación del patrimonio debe de estar acompañada de su justificación por su extraordinario valor arquitectónico y por su historia. Una historia, un valor patrimonial que debe estar al servicio del pueblo. El patrimonio forma parte de la cultura, de la sociología, de la política, de la historia, de la antropología de las ciudades. San Fernando no ha destacado precisamente por cuidar su patrimonio histórico, todo lo contrario, incluso se ha tapado con un tupido césped artificial parte de la historia de la ciudad. Y si más pronto que tarde alguien no lo remedia, tendremos que lamentar la pérdida del antiguo convento de las Madres Capuchinas, desahuciadas de mala manera, y observar, ahora, el deterioro del abandonado de convento. Por eso me da alegría cuando una parte histórica de la ciudad se rehabilita. Cuando se rehabilita un patrimonio histórico, una parte de cada uno de los ciudadanos se recupera. Ya se incorporó al catálogo de la ciudad una auténtica joya declarada BIC como es Torre Alta, de gran atractivo turístico para la ciudad. Ahora es otro edificio situado en la otra esquina de la ciudad el que ha tenido la suerte de ser rehabilitado, el Penal de Cuatro Torres situado en La Carraca, un lugar lleno de historia, un magnífico edificio de leyendas del siglo XVIII, que ha sido sometido a una reforma que ha evitado su desaparición. Miren ustedes, hace ya unos cuantos años cuando la actual alcaldesa no tenía en su mente, o sí como diría aquel, dirigir los destinos de la ciudad, ella, este columnista y el historiador Juan Torrejón, visitamos el Penal para ver su estado de conservación con la idea de la actual alcaldesa de buscar alguna forma de sacarlo de su penosa situación. Quedamos sorprendidos por su belleza y a la vez por su penoso deterioro. Dentro había desparramado por su suelo diversos objetos que el profesor Juan Torrejón catalogó de gran interés. En estos años transcurridos sé que la alcaldesa estuvo haciendo diversas gestiones para rehabilitar el viejo edificio, pero con Venezuela era muy difícil. El historiador Juan Torrejón organizó con la Academia (ha elevado la cultura de la ciudad y de la Bahía a cotas altísimas) en el año 2016 unas extraordinarias jornadas para conmemorar el doscientos aniversario de la muerte del libertador Francisco de Miranda que se encontraba preso en dicho penal. Miranda, fue una de las figuras mas relevantes de la historia independentista y como dice Juan Torrejón en el libro editado por la Real Academia "cuando se pronunciaba su nombre nadie quedaba indiferente". Hoy, después de que se temió por su conservación, el viejo e histórico edificio se encuentra rehabilitado al servicio de la ciudad. Es para celebrarlo. Un pasito más. Ahora le toca el turno al Puente Ureña.

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