Somos un país donde ocurren cosas extrañas. Sorprende que estando viviendo, como estamos, una situación tremendamente dolorosa y a la vez peligrosa, se celebre una manifestación en contra de la educación pública, aunque fuera en vehículos, de verdadera fiesta. Podemos justificar, algo, a los ciudadanos. Pero que políticos con responsabilidad de gobierno, o puedan serlo, convoquen a una jornada de protestas masivas en estos momentos, me parece una irresponsabilidad, una falta de respeto a los que son víctimas de esta pandemia. En definitiva una inmoralidad.

Esto no sucede en ningún país europeo. Y me sorprende que la jornada festiva destacara por el grito de guerra que los partidos de derechas hacen suyo. Libertad. Los que conocimos la Transición recordaremos como una canción del grupo andaluz Jarcha Libertad sin Ira se hizo emblemática en todo tipo de manifestaciones a favor de la democracia, de la amnistía y de los autogobiernos. Ahora los grupos políticos y sociales que no quieren reconocer al actual gobierno se manifiestan al grito de libertad, pero una "Libertad con Ira". No veo yo por dónde la nueva Ley de Educación restringe la libertad de los españoles. Ni tampoco por dónde se escapa esa mentira de que pretende acabar con la concertada o la privada. Lo que sí trata es evitar que el dinero público tenga más recorrido en la privada que en la pública. El presupuesto de los conciertos subió en diez años un 25% mientras se estanco la financiación para la pública.

Los conciertos nacieron en el Gobierno de Felipe González con la Ley Orgánica Reguladora del Derecho a la Educación de 1985, que al no haber colegios públicos suficientes negoció con los privados para acoger alumnos de la pública. Es decir, creó la figura de los concertados. Lo que está pasando ahora es que sobran unidades escolares y no es lógico que se cierren colegios públicos mientras se siguen financiando a los privados. Como tampoco es lógico que se ceda terreno público a las empresas de colegios privados. Esto no es estar en contra de lo privado, que tienen que seguir existiendo, pero no con dinero público.

España es el país de Europa que más dinero da a la enseñanza privada. Igualmente es el país europeo donde la Iglesia sigue teniendo una gran influencia en la enseñanza. Estamos hablando de un país donde la Constitución dice que somos laicos. El Estado tiene la obligación de dar a los ciudadanos una enseñanza libre y gratuita con los mejores medios a su alcance. La enseñanza pública los tienen. Tiene instalaciones como la concertada, algunas mejores y otras peores, profesores que pasan por varios filtros y recorridos, con unas oposiciones que no poseen las privadas. El que quiera otros condicionantes y los pueda pagar, pues está en su derecho. Esto es libertad y también igualdad.

La Ley Wert ha sido todo un fracaso y la que menos consenso consiguió en toda la democracia. Otra cosa muy distinta es que un país no puede seguir cambiando de ley educativa cada ocho años por la falta de acuerdo y responsabilidad de los partidos. Este es el problema de la educación y esto sí que es motivo de protesta. Por cierto, ¿existen colegios concertados en las barriadas periféricas de las ciudades?

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