28-F, buscando el futuro

Andalucía nunca ha sido nacionalista ni ha tenido una burguesía nacionalista; por eso nadie se esperaba la reacción del pueblo andaluz, que sin ser su intención, marcó el mapa territorial actual de España

El próximo domingo celebraremos el Día de Andalucía. Cuatro décadas de Estatuto en un momento en que la división territorial del Estado no se encuentra en su mejor valoración. La pandemia, sus consecuencias y la falta de unidad en las tomas de decisiones, están creando demasiadas desconfianza en los ciudadanos hacia el modelo de gobierno que los españoles nos dimos en la Transición. Culpa del modelo territorial que nos dimos o de la mala gobernanza que ha derivado en pequeños reinos de taifas.

Con ser cierto que las autonomías no han estado ni están a la altura de lo que necesita el país en estos malos momentos, también lo es que la autonomía de Andalucía fue lo mejor que nos ha pasado a los andaluces desde tiempo lejano. Andalucía ha salido ganando con su autogobierno. Basta con retroceder de dónde veníamos y el trabajo que costó conseguir la autonomía por la vía rápida. No fue fácil. Desde los años 60 con las movilizaciones obreras del marco del Jerez y de la siderurgia crearon un marco discursivo de reclamación de una nueva cultura por los derechos del mundo obrero de Andalucía. Estas movilizaciones estaban propiciadas por los sindicatos clandestinos y las organizaciones cristianas de base. Pero también movieron la conciencia de los andaluces los jornaleros, los movimientos vecinales, intelectuales, jóvenes y mujeres, que tuvieron un papel muy activo en el cambio político y social de Andalucía.

Algo empezaba a moverse en esta Andalucía empobrecida y olvidada. Y el cambio se ratificó con las manifestaciones del 4 de diciembre donde los andaluces decidieron, saliendo a la calle, que no serían menos que nadie y lo ratificaron con el 54% de los votos en el referéndum del 28-F, a pesar de todas las trabas que puso el Gobierno de la nación. De esta manera nació la conciencia andalucista, el andalucismo popular. No fue un movimiento con rasgos étnicos, era una movilización en contra de la marginación, del analfabetismo, de la pobreza, que padecía el pueblo andaluz. Andalucía nunca ha sido nacionalista ni ha tenido una burguesía nacionalista. Por eso nadie se esperaba la reacción del pueblo andaluz, que sin ser su intención, marcó el mapa territorial actual de España.

Plácido Fernández Viagas, en su toma de posesión en Cádiz como primer presidente preautonómico, definió muy acertadamente la situación de Andalucía con esta alegoría: "Muchas veces se ha simbolizado a Andalucía con la imagen de la muerte tocando la guitarra; es hora ya de arrojar ese símbolo al desván de la historia, de que sea la vida la que toque la guitarra es esta tierra". Esto no podía haber sucedido nada más que con un partido de izquierda. Y hay que reconocer que fue el PSOE el que interpretó las demandas de los andaluces durante la Transición, convirtiéndose en el referente de quienes identificaban el régimen autonómico con el progreso social y la superación de las condiciones que habían lastrado el desarrollo de Andalucía. ¿Qué queda de ese espíritu andaluz? Piensen un poco. Feliz futuro de Andalucía.

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