Haciendo oportunidad de la crisis, el Ayuntamiento de El Puerto se ha lanzado a buscar ideas para atraer a esos empleados que, a causa de la pandemia, pueden mover su oficina a cualquier destino. Si hay riesgo de que bajen los turistas, que vengan en su lugar teletrabajadores.

De entrada, la propuesta no parece mala. El riesgo radica en el enfoque. Parte la iniciativa del concejal de Turismo, y a los potenciales residentes se les llama “turistas permanentes”. Pero nos equivocaríamos si afrontáramos el análisis de este fenómeno como una mera adaptación de los flujos turísticos.

Si la pretensión es que estos teletrabajadores fijen aquí su residencia, al menos la mayor parte del tiempo, habrá que ofrecer algo más que bares y playas. Necesitarán lo mismo que quienes llevamos años de vecindad: una ciudad vivible, espacios públicos cuidados, buena red sanitaria y educativa, actividades culturales todo el año, carriles bicis, zonas verdes, una administración ágil, buenas comunicaciones… Si por atraer nuevos residentes se va a dar un impulso a todas estas reivindicaciones, bienvenidos sean los teletrabajadores.

Por su parte, tendremos que exigir a quienes se nos unan los mismos compromisos que tenemos quienes vivimos aquí, empezando por el pago de impuestos. Solo en los últimos meses el padrón portuense se ha visto incrementado en 4.000 personas, lo que supone un aumento en el gasto municipal y del resto de administraciones: desde la gestión de residuos al mantenimiento urbano, de la atención al ciudadano al número de profesionales sanitarios. O redimensionamos estos servicios, o acabaremos mermando su calidad para todos, los recién llegados y los autóctonos.

Por eso me parecen muy peligrosas las ideas que ya se han puesto sobre la mesa en algunas otras poblaciones (aquí aún no las he oído, afortunadamente) sobre bonificaciones fiscales para los teletrabajadores. Porque estos recursos serán necesarios para gestionar una ciudad más poblada, y porque supondría un agravio frente a los que ya estábamos aquí. A ver si al final, por atraer nuevos residentes, vamos a acabar echando a quienes ya estábamos.

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