Nos encanta poner el contador a cero. Estos días se nos abren 365 nuevas oportunidades para crecer, evolucionar, aprender… en definitiva, para intentar cambiar en nuestro propio beneficio y -por qué no decirlo- para ser mejores personas.

Despedimos 2016 con ganas de empezar "de nuevo"; un año que se ha marchado para no volver jamás... como lo hace cada mes, cada semana, cada día y cada minuto de nuestra existencia. De hecho, ya "sólo" nos quedan 361 días para demostrar la firmeza de nuestras promesas y la pregonada voluntad de mejora que hicimos allá por Año Viejo… ¡Tempus fugit!

Pero antes de que lleguen las carnestolendas, se volatilizarán los propósitos de enmienda al tiempo que nos entregamos al bacanal mundo de la ostioná… Entonces, paramos máquinas y volvemos a velocidad de crucero.

Parece que no seamos conscientes de que, conforme nos hacemos añosos, las estaciones transcurren casi sin darnos cuenta de haberlas vivido y disfrutado. Un precioso ejercicio sería participar de la siempre cambiante naturaleza que nos rodea. No sólo evolucionan las mareas, tan gaditanas ellas, en la bahía; los cárabos y búhos reales atienden ya a sus tempranas puestas; las tardes comienzan a alargar; los verdecillos y carboneros encienden sus hormonas, afinan su canto y pertrechan sus nidos; las águilas pescadoras se afanan en hacer de este territorio uno de sus más codiciados bastiones, mientras los olivos paran su savia para hacer frente al frío dejando caer su rezagado fruto para deleite del arrendajo.

Evolucionemos hacia la verdadera esencia de lo humano. Ya sé que está muy manido eso de que "menos es más" y de que "lo material no nos trae la felicidad" pero… ¡qué poquito nos lo aplicamos! A pocos días de que demos por finalizado el "simulacro de paz y amor" patrocinado por las multinacionales en que han convertido estas fiestas en que saqueamos nuestras carteras comprando cosas superfluas que no necesitamos, sugiero que pisemos la tierra, visitemos museos y monumentos, compartamos tertulia y paseos por pueblos y ciudades… Propongo, sin más, que disfrutes de la grandeza sensorial que te embarga cuando rompe esa ola en tu playa; cuando escuchas la fiesta de los pájaros en un parque cualquiera o cuando el poniente te da una bocanada de aire fresco en la cara. ¿Hay algo más placentero y sencillo que sentir que estás vivo?

Yo, por mi parte, intento cada día aplicarme la lección del brillante profesor John Keating que nos emocionó en El Club de Los Poetas Muertos, cuando recitaba a sus alumnos "Aprovecha el momento, ¡haz que tu vida sea extraordinaria!, porque pronto serás pasto de los gusanos y estarás criando malvas".

Me receto, pues, seguir trabajando, viviendo y disfrutando como un animal, que lo soy. Seguiré abogando por la defensa del patrimonio natural y procuraré que mi presencia en este mundo sirva para algo más que para producir residuos. Seguiré esforzándome cada día en el bienestar de las aves y la naturaleza porque si les va bien a ellas, nos irá mejor a nosotros. Aunque no sé bien por qué seguimos distinguiendo entre "ellos" y "nosotros"… Trataré de mejorar mientras os deseo un buen vuelo, amigos.

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