Epaminondas tiene muy claro el propósito de la Superliga. Recuerda cuando empezó el Trofeo Carranza, que venían grandes equipos y que cubrían sus cachés con los ingresos por taquilla, televisión y quizás alguna colaboración más. Con el tiempo todo eso dejó de ser suficiente. Los grandes equipos pedían más dinero y no se podían cubrir los gastos. Dejaron de venir. Hicieron sus propios trofeos y ganaban dinero, pero seguían necesitando más. Aparecieron las giras por América y Asia. Una buena gira o dos, daban bastante dinero. Pero pronto ese dinero fue poco, hacía falta más.

Modificaron la Champions. Más equipos, más partidos, más ingresos por televisión y un plus económico por partido ganado. Pero todavía hace falta más dinero. "Vamos a hacer una Superliga", dijeron. Y lo explicaban: "el fútbol está en crisis; este año hemos dejado de ganar cientos de millones de euros cada uno".

A Epaminondas le sonaba todo al discurso que hace la banca cuando necesita que se le rescate a costa de los ciudadanos, y piensa que "Basta".

Dice que el fútbol no está en crisis, no hay más que ver cuántos niños y niñas juegan. Lo que está en crisis es el negocio del fútbol para los grandes equipos: un pozo sin fondo que cada vez necesita más dinero. La Superliga solo sirve para que los grandes equipos ganen más dinero.

Epaminondas piensa que el mundo del fútbol ha hecho bien en parar la Superliga, pero no se queda ahí. Opina que si la afición dice basta, entonces la situación puede cambiar. Basta a unos precios imposibles de las entradas, basta a un reparto de dinero por televisión tan desigual, basta a unas camisetas que cuestan casi tanto como un traje…

Con poco pero bien gestionado también se puede hacer mucho, concluye, mira al Cádiz.

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